El proceso para determinar el nivel apropiado de intervención médica que debe recibir un paciente en crisis, es conocido como triage (se pronuncia tri-ash), que viene de una palabra francesa que significa «clasificar». Triage, en una u otra forma, es el primer paso para la intervención en crisis. Henri Nouwen, afirmó: «La primera y más importante tarea que tiene una persona que cura es hacer un diagnóstico correcto. Mejor dicho, el diagnóstico es el principio».

El triage es el primer paso que un líder juvenil toma cuando sabe que hay algo de qué preocuparse. La hija de uno de los miembros de la junta directiva admitió comer y vomitar su comida. Un estudiante de secundaria, por error, se subió las mangas, dejando al descubierto lo que parecían ser cicatrices de cortaduras autoinfligidas en su muñeca. Un padre de familia llamó para hablar sobre la mejor amiga de su hija, que les dio indicios a sus compañeras de querer terminar con su vida. El hijo de un pastor fue arrestado por mutilar un gato mientras su padre estaba fuera de la cuidad y alguien lo estaba «cuidando». Estas no son situaciones para decir: «Ah, me pregunto si hay algún problema». ¡Hay uno! La primera tarea es determinar cuán grande es el riesgo (triage) para que puedas determinar cuál es el mejor proceso a seguir.

CREA UN LUGAR SEGURO

Juan llama de la escuela. Quiere pasar a verte y hablar. Su voz se escucha muy frágil, así que le preguntas si todo está bien. «No —te dice—, pero no quiero hablar de eso por teléfono. Te veré después de la escuela». Llega a verte después de las tres con su novia Sarah, a la que no conoces muy bien. Les das la bienvenida, ofreces que se sienten, y haces la pregunta obvia: «Así que… ¿qué está sucediendo?». Apenas se escucha la voz de Juan, que responde: «Ella está embarazada». Sarah comienza a llorar. Tu reacción inmediata es ira, pero la ocultas. Has advertido a Juan acerca de su «noviazgo misionero». Cálmate, piensas. Haz una pregunta. Puedes «matar» a Juan más tarde. «Cuéntame de eso», dices calmadamente. Lo que escuchas destierra tu ira en un santiamén, o al menos la retira de Juan. El embarazo de Sarah resultó de un abuso incestuoso de su padrastro. En lugar de traer vergüenza a su familia, Sarah cree que debería terminar con la vida del bebé. Juan la trajo a ti para que la ayudes. Y así, con gran alivio, haces una oración silenciosa de agradecimiento por decidir escuchar antes de hablar.

Ayudar a personas como Juan y Sarah requieren la creación de un lugar seguro al:

  • Obtener los hechos.
  • Tomar el tiempo para escuchar sus historias.
  • Construir confianza.
  • Permitir la expresión de los sentimientos.
  • Evaluar el nivel inmediato de riesgo.
  • Cuestionar cuán apropiado es tu involucramiento.

OBTÉN LOS HECHOS

El triage comienza con la obtención de información básica para tomar las decisiones iniciales acerca de cómo proceder. Eso significa pedir los hechos, por supuesto. También significa entender las percepciones de cada una de las personas acerca de los hechos. Las personas tienen dificultades para presentar los hechos con completa objetividad, porque nadie experimenta la vida objetivamente, y menos cuando las emociones y los patrones de pensamiento están distorsionados por una crisis. A veces solamente tienes que seguir preguntando hasta que encuentres la pregunta correcta.

«¿Qué crees que tus padres dirían?», es una pregunta importante de triage, pero se mantiene en el nivel de la especulación. El joven puede tener una noción distorsionada de lo que sus padres creen y sienten. Podría, por ejemplo, basar su evaluación en el tono de voz que percibió de su madre. Es por esto que es muy importante adquirir más de una perspectiva, si es posible. Eso, generalmente, no puede suceder en los estados iniciales de la conversación, y la confidencialidad puede hacer que sea difícil lograrlo alguna vez. Pero vale la pena persistir, si las circunstancias lo permiten.

Cuando los conflictos revuelan alrededor de las expectativas de los padres u otras complicaciones en la casa, no hay mucho que puedas hacer para proveer asistencia sin involucrar a los demás miembros de la familia. Puede haber momentos en los que simplemente no puedes ganar acceso a la familia, pero no te rindas tan rápidamente. Cuando un chico en crisis dice: «Mi papá nunca te hablaría; él odia a los cristianos», no le tomes su palabra completamente. Él está en crisis. Sus pensamientos y sus emociones pueden estar distorsionados. Obtén los hechos. Los hechos son la materia prima para resolver el problema.

TOMA TIEMPO PARA ESCUCHAR SUS HISTORIAS

Saltar a conclusiones no solamente es injusto, también es peligroso si lleva a un joven que ya está en riesgo a salir por tu puerta sin haber recibido ayuda. No existen atajos para escuchar la historia, la historia completa. Y el escuchar toma tiempo. No es una mala idea utilizar un cuaderno para registrar los detalles. Asumiendo que estás tan ocupado como la mayoría de líderes juveniles, será más fácil olvidar cosas específicas o peor, confundir la situación de un joven con la de otro. Algunos jóvenes pueden desanimarse por procedimientos que se parecen a los de un «psico-loco». Puedes disminuir la incomodidad acerca de lo que estás escribiendo con una simple explicación: «Si no te molesta, me gustaría anotar algunas cosas mientras hablamos. Para tu beneficio, quiero recordar tantos detalles como sea posible».

Aquí hay una lista de frases que te ayudarán para empezar la conversación:

  • Dime de qué te gustaría hablar.
  • Dime dónde comienza tu historia.
  • ¿Quién más está involucrado en esta historia?
  • ¿Cómo están ellos involucrados?
  • ¿Qué has hecho para lidiar con eso hasta ahora?
  • ¿Quién te está apoyando a través de esto?
  • Si tú fueras tus amigos, ¿estarías preocupado por ti? Cuéntame más de esto.
  • ¿Consideraste lastimarte o lastimar a alguien más?
  • ¿Estás bajo el cuidado de un doctor o de un consejero?
  • ¿Cuándo fue tu última visita?
  • ¿Qué tanto te está ayudando eso? (califícalo en una escala de 1 a 10). Cuéntame más de esto.
  • ¿Estás bajo medicamento?
  • ¿Te estás automedicando? Cuéntame más de esto.

Un joven podría tantear las aguas para ver si realmente estás interesado y eres capaz de ayudar. Este examen podría venir en forma de presentar un problema que tiene poco que ver con el asunto central, aunque, siendo justos, quizás el joven aún no ha identificado el problema central. Así que, sin perder de vista lo que parece ser el asunto, mueve la conversación hacia lo más profundo, una capa a la vez, hasta que el joven se sienta lo suficientemente cómodo (o suficientemente consciente) para decir la historia detrás de la historia.

En las situaciones donde el presente problema es algo como “estoy deprimido, me siento solo, estoy confundido, siempre estoy cansado, no puedo concentrarme, me siento triste, siempre me enojo, no puedo dormir, ya no me importa más, no puedo comer, no puedo dejar de comer”, pregunta: «¿Cuándo fue la última vez que esto no fue un problema? Cuéntame más de esto».

CONSTRUYE CONFIANZA

Los adolescentes y las familias muchas veces sienten temor de que, si realmente supiéramos la verdad acerca de ellos, ya no querríamos saber nada de sus vidas, que es lo que muchas veces sucede. Pregunta a los padres que están apartados de la comunidad cristiana por qué su hijo encabeza la directiva gay en su universidad. Pregúntale al joven que confesó su dificultad para resistir la marihuana y lo convirtieron en un ejemplo de mundanalidad en la escuela cristiana. Pregúntale al padre abusivo que tiene temor de pedir ayuda por qué tiene miedo a ser rechazado por su pastor.

Qué contraste con el modelo de Jesús durante su encuentro con la mujer en el pozo. Ella tenía dos faltas en su contra:

  • Como samaritana, era intocable, desde el punto de vista de los judíos.
  • Tenía la reputación de ser una mujer fácil.

Ella trató de presentarse con un aire de respeto, pero Jesús la conocía mejor. Él sabía su pasado. Él la amaba, así como era. Jesús aprendió eso de su Padre. David cantó las alabanzas de un Dios que está cercano a los quebrantados de corazón, que salva a los de espíritu abatido. Así de alto es el estándar que se nos presenta al conocer las historias de los quebrantados de corazón y espíritu abatido. Que Dios nos ayude a proveer un lugar seguro donde ellos también puedan encontrar esperanza y sanidad.

Extracto del libro Cómo Ayudar a Jóvenes en Crisis.

Por Jim Hancock y Rich Van Pelt

Lee la continuación de este tema AQUÍ.

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