Se cuenta una historia de una profesora de quinto grado que empezó el año diciendo una mentira. Al presentarse a su nueva clase, prometió amar a todos sus estudiantes por igual. Esto era mentira, porque sentando en la primera fila estaba Teddy. La profesora ya lo conocía, pues el año anterior vio que él no jugaba bien con los otros chicos; su ropa siempre estaba sucia y arrugada, y nunca se baña­ba. ¡El niño apestaba! Ella no lo quería en su clase, y ya se imaginaba que él iba a ser problemático. Y así fue. No prestaba atención, sus notas eran muy malas; y la profesora, al marcar su tarea, secretamente disfrutaba de poner rayas rojas para corregirle y un cero enorme en la parte superior de su tarea.

En la escuela primaria donde enseñaba esta profesora, era obligatorio revisar los archivos de cada uno de los estudiantes. Ella esperó hasta el final para ver el archivo de Teddy, pero cuando por fin lo llegó a revisar tuvo una gran sorpresa. En primer grado, la profesora de Teddy escribió: «Es un gozo tener a Teddy en mi clase; él trabaja duro y escribe pulcramente. Siempre hace su trabajo con una sonrisa”. La profesora de segundo grado escribió: «Teddy es un estudiante excelente, y tiene muchos amigos en el aula. Su mamá tiene una enfermedad muy grave, y la vida en su casa es dura”. El archivo de tercer grado decía: «La muerte de la mamá de Teddy ha sido devastadora para él y su familia. Él se esfuerza mucho con sus deberes, pero le exigen mucho en casa, y su papá trabaja constantemente y no suele poner interés en su hijo. Es importante tomar medidas para ayudar a Teddy, o pronto habrá consecuencias graves en su vida”. La profesora de cuarto grado escribió: «Teddy es un chico retraído y no tiene amistades. No le interesa lo que estamos enseñando y muchas veces se queda dormido durante las clases».

Al leer todo esto, la profesora se dio cuenta lo que había pasado y sintió un profundo remordimiento. Se sintió aun peor en Navidad cuando todos los chicos trajeron hermosos regalos envueltos en papel y lazos, menos Teddy, quien trajo su regalo en papel periódico. Así como los regalos de sus compañeros, la profesora lo abrió con mucho cuidado. Al ver una pulsera barata con las piedrecillas desgajadas, y una botella con solo la mitad del perfume, los chicos empezaron a reírse de él. La profesora los calló de inmediato y exclamando lo hermosa que era la pulsera, se la colocó en su muñeca en ese instante, abrió el perfume y puso un poco en su cuello y en su muñeca. Todo ese día Teddy estuvo pegado a su profesora, y no fue hasta que terminó el día que le confesó a ella “Hoy olías igual a mi mamá”. Cuando salió del aula, la profesora se sentó y lloró por una hora.

Ese fue el día que cambió todo para esta profesora. Pasó de solamente enseñar matemáticas, historia y ciencias, a invertir su tiempo en la vida de sus alumnos, y en particular en la vida de Teddy. Cuando trabajaba con él, su mente se despertaba y cuanto más le animaba, ¡más rápido e inteligente era! Al terminar el año, Teddy fue el abanderado de su promoción. Se graduó de la secundaria e invitó a su profesora de quinto grado a estar allí en el lugar de honor de su madre. Siempre le decía a todos cuanto le escucharan: «Esta profesora me salvó la vida, es mi favorita”.

Llegó a ir a una de las mejores universidades del país y graduarse como médico. Y con cada elogio o reconocimiento, él invitaba a su profesora de quinto grado para que estuviera allí. Y ella siempre iba, usando la pulsera y el perfume que Teddy le había regalado. ¡Qué fácil se nos hace juzgar primero en esta vida! Todo lo hacemos tan rápido, tomamos medidas, llegamos a conclusiones.

“Sola Grada” es uno de los cinco lemas de la Reforma de Martín Lutero. Significa “solo por gracia”. Somos salvos solo por fe en la obra de gracia de Jesucristo y su mérito. Es un favor inmerecido. No hay cosa alguna que podemos hacer para que nos declaren justos. Dios nos da salvación, no por alguna buena obra sino a pesar de nuestro pecado. En el diccionario se describe la palabra gracia como “un don o una concesión que se concreta sin ningún merecimiento en particular”.

Como seres humanos, hemos heredado una naturaleza esclava al pecado (Romanos 5:12) y esto nos hace amantes del mal. Solo después de ser regenerados podemos tener fe en Cristo. Es por gracia que recibimos la salvación y la fe. Ningún acto nuestro nos hace mecedores de la salvación. El Antiguo Testamento enseña que aun nuestros actos de justicia son como trapos sin valor (Isaías 64:6). Aunque somos infieles ante Dios, Él es siempre fiel y demuestra esa fidelidad con amor. El caso de Pedro, cuando negó a Jesús tres veces en una noche, es un buen ejemplo de nuestra infidelidad y de la fidelidad y gracia de Dios (Juan 18:15-27).

Cuando vemos la palabra juzgar, normalmente lo interpretamos en su forma negativa. Por ejemplo, al medir el comportamiento de alguna per­sona y condenarla como pecadora, inmadura, mundana, perdida, destinada a la eternidad sin Dios. De igual manera se puede ver el juzgar en forma «positiva”; por ejemplo, ver un comportamiento benigno, cariñoso, humilde o disciplinado, y juzgar elevando a esa persona como justa, recto, digna, mejor que las demás y, por ende destinado al paraíso con Dios. Pero debe­mos concluir que Juzgar, tanto positiva como negativamente, es antibíblico, pues claramente el evangelio insiste que no hay ningún merecedor de la gracia de Dios, (Romanos 3:10). Hay muchos versículos bíblicos que nos instruyen a no juzgar: por ejemplo, Juan 3:17, Romanos 14:4, Romanos 14:13, Romanos 2:1, Mateo 7:1-6.

Martín Lutero lo dijo así, hablando de las escrituras de Pablo en Tito 3:5-7. “Entonces Pablo descarta toda jactancia de libre voluntad, toda virtud humana, justicia y buenas obras. El concluye que son nada y que son perver­sas, no importa lo brillante y valioso que parezcan, y nos enseña que tenemos que ser salvos solamente por la gracia de Dios, lo cual es efectivo para todos los creyentes quien lo desean por un concepto correcto de sus propia ruina e insignificancia”.

Al leer las sagradas escrituras, fácilmente podemos ver el apoyo del con­cepto Sola Gratia. En la doctrina de las iglesias evangélicas del Ecuador, todos afirman que es solo por gracia que somos salvos. La pregunta es: “¿Cómo traducimos este énfasis de la Reforma en la práctica diaria de nuestra congregación ante las nuevas generaciones?» ¿Batallamos para ser una iglesia atrayente al que está buscando salvación? Como embajado­res del Señor Jesucristo mismo queremos, me atrevo a decir, debemos demostrar ese amor incomprensible de Dios, ese perdón, esa gracia ante toda persona, pues… ¡entendemos muy bien que sin gracia estaríamos en el mismo lugar!

Ser llamados a amar como Cristo amó, es el reto más grande de nuestras iglesias ante las nuevas generaciones. 1 Corintios 13 describe lo grandioso que es el amor de nuestro Dios. ¡Imagínense si pudiéramos amar de esta misma forma a las nuevas generaciones!

Extracto del libro Reforma Que Alcanza a Las Nuevas Generaciones

Por Elisa Shannon Brown

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