Continuemos…

3. SU ANUNCIO COMO FIN ÚLTIMO

Lucas 9:26. Si pasar de la emoción a la razón resulta difícil muchas veces, pasar de la razón a la práctica es una empresa titánica. Nos hemos vuelto especialistas en absorber verdades bíblicas y crear posiciones o conceptos teológicos, pero todos estos pensamientos y verdades poco o nada son llevados a la práctica y, por ende, compartirlas es una tarea mucho más difícil aún.

Desde la década de los 1990 hasta comienzos del nuevo milenio las comu­nidades cristianas crecieron y se fortalecieron, en gran parte producto de una labor evangelística y misionera de décadas anteriores. Sin embargo, luego de los primeros cinco años del nuevo milenio las comunidades juve­niles cristianas han tenido un decrecimiento numérico, y hoy con mucho asombro muchos de quienes fuimos parte de grupos de trescientos y quinientos jóvenes vemos a grupos entre treinta o cincuenta, y en el mejor de los casos cien, personas. Si bien el crecimiento espiritual no puede ser matemático, es notable la reducción en el número de jóvenes y ado­lescentes que hoy integran un grupo en la iglesia. Esto puede darse por distintos factores: no relevancia, desactualización, y también una pérdida de la motivación evangelística.

¿Qué sucedió? ¿Qué pasó con la Gran Comisión? Parece que hoy el ejer­cicio de la Gran Comisión está centrado en tantas áreas que cubren la necesidad interna de la comunidad, pero poco o nada la iglesia ejerce hoy el evangelismo, porque se lo considera ya una estrategia de antaño. Es muy común escuchar propuestas o proyectos cristianos que adoptan como estrategia no mencionar a Dios, ni hablar del pecado, el arrepentimiento o cualquier otra palabra que pueda generar rechazo cultural. Intentar ganar a una generación que rechaza las estructuras y los modelos tradicionales de liderazgo porque perdieron credibilidad en el tiempo, será imposible planteando estrategias que presenten verdades a medias. Una vez que exponemos a niños y jóvenes a la luz de la gloria de Dios, vendrá en ellos la convicción para generar los cambios que sean necesarios en sus vidas. La gloria de Dios respalda y reviste de autoridad al glorioso evangelio y su anuncio (Romanos 1:16). Tanto la creación, como revelación general (Salmo 19:1), como en el anuncio fervoroso que es nuestro llamado (2 Corintios 4:4-6), hallan sentido y respaldo en la gloria de Dios.

Las nuevas generaciones están buscando personas, causas y eventos muchos más importantes y grandes que ellos. Ellos responden cuando ellos se dan cuenta que pueden alinearse con una causa de revolución, cuando les damos protagonismo, y cuando les mostramos que Dios es mucho más grande que ellos. Esto nos da el privilegio como Iglesia de Cristo de mostrarles la grandeza de Dios. Cuando ellos ven su grandeza estamos seguros que responderán con obediencia, humildad y reverencia. Nunca serán avergonzados delante de sus amigos y amigas.

4. EL RETORNO DEL IDEAL

Una de las características particulares de las nuevas generaciones es la pérdida de los ideales o convicciones alineadas a un propósito. Están buscando más experiencias que verdades absolutas. Se han alineado a movimientos relacionados a la lucha por el medio ambiente o contra enfer­medades como el cáncer, o luchan la violencia contra la mujer; estos movi­mientos aparecen y desaparecen sin permanecer en el tiempo, como focos intermitentes. Los valores como pilares de una sociedad están sujetos al relativismo posmoderno, dando por resultado la pérdida de convicciones profundas en una sociedad (2 Corintios 4:4-6).

Esta realidad nos ha alcanzado como iglesia de Cristo, dando lugar a la pérdida de convicciones y valores cristianos, como la infalibilidad de las Escrituras basadas en su continuidad y cumplimiento profético, la ora­ción y la unidad como cuerpo de Cristo. Necesitamos recuperar verdades fundamentales de la doctrina cristiana como la gloria de Dios para revivir las convicciones más profundas de nuestra fe y formar a las nuevas gene­raciones sobre bases y convicciones firmes que transformen su alma a través del Evangelio.

Tenemos que reinventar formas de explicar puntos doctrinales para que las nuevas generaciones se den cuenta de su importancia. Ellos no entienden los absolutos. Entonces tenemos que explicarlos con experiencias propias, ejemplos bíblicos y testimonios de los hermanos en la iglesia. Al escuchar estas historias podrán dar valor a esas experiencias y empezar a adoptar temas doctrinales tan importantes. Sugerimos usar más parábolas en las prédicas, tomando historias buenas y malas de diferentes temas bíblicos tal como hizo Jesús. Creemos que la vulnerabilidad de los pastores en con­tar historias sus propias negativas, cuando no salió todo bien, dará poder a los temas bíblicos. Las nuevas generaciones están buscando autenticidad y saben que si nunca usamos ejemplos negativos de nosotros mismos no somos auténticos.

Entender la gloria de Dios desde esta perspectiva, nos llevará a un pen­samiento más alto, sostenido en el reconocimiento humilde y reverente de que todo lo que somos es para Su gloria y por Su gloria. Honrar esta verdad nos volverá una iglesia unida y una sociedad más sabia, para poder ejercer desde esa premisa nuestra vocación y profesión persiguiendo un ideal común de vivir la verdad en amor, sanar las fracturas internas de nuestras sociedades y recuperar ideales nobles de justicia basados en la Palabra de Dios totalmente relevantes para esta y las nuevas generaciones.

5. CONFIANZA EN LA ESPERANZA

Como último punto, pero no menos importante, la gloria de Dios nos llena de esperanza y expectativa de encontrarnos finalmente con Cristo en su segunda venida (Mateo 16:27; 24:30). La certeza de la gloria de Dios en nuestras vidas nos da una razón para vivir y por la cual estar dispuestos a morir que es glorificarle a Él. Vivir en el temor de Dios reconociendo su majestad, deidad y poder en completa humildad. Renunciar a nuestra autosuficiencia, recuperando nuestra identidad a imagen y semejanza de Dios y glorificando el nombre de Dios en todo tiempo y en comunidad. Anunciar su gloria como heraldos llamados a cumplir con la Gran Comisión con firmeza, cumpliendo la tarea (2 Timoteo 4:7). Recuperar los absolutos, tales como la verdad y la justicia de Dios, generando convicciones firmes del Espíritu Santo, valores y principios donde se fundamenten nuestras vidas y sean los rieles para la formación de las nuevas generaciones.

Ya lo decía Martin Luther King Jr., en su discurso “I Have a Dream”, que podría resumirse en la palabra ESPERANZA. Como iglesia necesitamos soñar, ver a las nuevas generaciones creciendo en amor y unidad, dándole la gloria al único que la merece, y viviendo con libertad una fe sin límites, sin torpezas o atribuciones humanas, sin tapujos. Niños que crezcan en un ambiente fresco, acercándose a Dios no por terror sino con reverencia para disfrutar de Su abrazo. Adolescentes que tomen mejores decisiones y que rechacen su conducta autodestructiva, para ser testimonios vivos, cartas abiertas, por la experiencia de haber sido tocados por la gloria de Dios. Universitarios que levanten argumentos firmes, no palabras inútiles o piedras en la calle, sino verdaderas opciones de vida, de ejemplo, de ética y moral que defiendan los principios eternos que aprendieron en las Escrituras.

Las nuevas generaciones están desesperadas por tener la esperanza que tenemos nosotros. Podemos acercarnos en momentos difíciles, de muerte o de una adicción, y mostrarles la esperanza que tienen en Cristo. Pode­mos mostrarles que la frase “a Dios sea la gloria» no es una cosa solamente del pasado o del futuro sino también para el hoy de nuestras vidas. Dios es fiel con su gloria y si la tenemos seremos bendecidos. Demos esa opor­tunidad de bendición a las nuevas generaciones, porque si lo hacemos, ellos también podrán inventar nuevas formas de impactar a las siguientes generaciones que vienen detrás de ellos.

Extracto del libro Reforma Que Alcanza a Las Nuevas Generaciones

Por Javier Gudiño y Paulina Morales

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