No mucho tiempo atrás, los instructores del departamento de religión de la Universidad de Wheaton, una universidad cristiana con alta competitividad que atrae a estudiantes de todas partes del mundo, encuestaron a sus estudiantes de primer año en cuanto a su conocimiento básico de la Biblia. Se sorprendieron por su falta de comprensión de la Biblia, especialmente considerando el hecho de que estos estudiantes representaban lo mejor y más brillante de los ministerios juveniles modernos. Curiosos por descubrir qué era lo que pasaba con los ministerios juveniles a lo largo de la nación, los instructores de Wheaton encuestaron a los estudiantes de último año de secundaria en iglesias evangélicas bastante grandes. Aquí van algunas de las cuestiones que resaltaron en esta encuesta:

  • El 80% no pudo poner en orden cronológico a Moisés, Adán, David, Salomón, Abraham.
  • El 15% no pudo poner en el orden correcto los eventos más importantes de la vida de Pablo y de Jesús.
  • El 20% pudo encontrar en el libro de los Hechos los viajes de Pablo.
  • El 60% pudo localizar la historia del éxodo en el libro de Éxodo.
  • El 33% encontró el Sermón del Monte en el Nuevo Testamento.
  • El 80% no supo cómo encontrar la oración del Padre Nuestro.

Para determinar si estas cifran aún se mantenían, la encuesta se repitió en 2006. 400 adolescentes de los grados 6 al 12 fueron encuestados en un área metropolitana bastante grande en diferentes ambientes, incluyendo Escuela Dominical, grupos pequeños de discipulado y reuniones generales de ministerios juveniles. Esos jóvenes mostraron una mejoría con respecto a aquellos encuestados en la Universidad de Wheaton. La diferencia más notable fue la habilidad del grupo de 2006 para localizar la oración del Padre Nuestro en las Escrituras. La mitad del grupo de 2006 supo encontrar la oración del Padre Nuestro, una mejora del 30% con respecto al grupo de Wheaton. Pero otras características que sobresalen de la encuesta de 2006 nos muestran que el conocimiento de la Biblia que tienen los adolescentes sigue siendo bastante pobre.

  • El 51% escogió Ezequías como un libro de la Biblia.
  • El 52% no sabía que Saúl fue el primer rey de Israel.
  • El 59% seleccionó a Aarón, el hermano de Moisés, como un profeta.
  • El 66% no pudo poner en orden eventos importantes del Antiguo Testamento, incluyendo la creación, la caída, el diluvio y el éxodo.
  • Únicamente el 13% fue capaz de colocar en orden los eventos más importantes de la vida de Pablo y Jesús.
  • Únicamente el 35% supo buscar en Éxodo la primera celebración de la Pascua.
  • Únicamente el 35% sabía que el Sermón del Monte se encuentra en los Evangelios.
  • El 51% colocó la frase «En el principio ya existía el Verbo» en Génesis (Se encuentra en Juan 1).

Claramente tenemos que recuperar lo perdido. Sin embargo, la falta de conocimiento no es solamente un problema de los adolescentes; constituye un problema de los líderes de jóvenes también… ¿Por qué es importante esta cuestión? Primero que nada, porque las personas mencionadas en este examen no son personajes intrascendentes de la Biblia. Cada uno de ellos representa una posición clave en la revelación de la historia de Dios. Obviamente, no es cuestión de memorizar hechos; cualquiera puede aprender la lista sin acercarse ni un milímetro más a Dios. De hecho, el asunto es aumentar nuestro conocimiento de la Palabra de Dios poniendo atención a lo que es importante para Dios, con el único propósito de que crezca nuestra intimidad con él. Dios nos dio su Palabra para que lo conozcamos mejor. Si estas estadísticas nos sirven como indicadores, tenemos un largo camino por recorrer.

A UNA GENERACIÓN DE EXTINGUIRSE

Uno de los grandes retos para el ministerio juvenil es preparar a los adolescentes para los muchos desafíos que la vida adulta les planteará en su camino: ¿Cómo encuentro a Dios en medio del dolor y la tragedia? ¿Cómo puedo romper este hábito que me está destruyendo? ¿Cómo puedo vencer esta tentación? ¿Por qué no puedo encontrar trabajo?

La forma en que nuestros jóvenes respondan a estas y otras circunstancias estará muy relacionada con el cuadro completo que tengan de Dios y su habilidad para encontrarlo en medio de los desafíos. La adolescencia es una edad adecuada para avanzar en el desarrollo de la fe. De hecho, no hay otra etapa de seis años en la vida que produzca mayor desarrollo espiritual que los años de la adolescencia. El ministerio juvenil tiene una gran ventana de oportunidades totalmente abierta para impactar en este desarrollo y ayudar a los jóvenes a obtener el conocimiento correcto. Parecería que no hemos estado aprovechando esta ventana.

Declaraciones como la de Josh McDowell y George Gallup Jr. suenan muy parecidas a las de nuestro hombre, Oseas. «La iglesia está a una generación de extinguirse», predijo Gallup en 1997. McDowell llegó a la misma conclusión, y atrevídamente tituló así su reciente libro que habla sobre los adolescentes de hoy: La última generación de cristianos. Como una reminiscencia del lamento de Oseas: «Por falta de conocimiento mi pueblo ha sido destruido», ambos hombres señalaron que la iglesia está aflojando en su adherencia a la verdad, respaldando así sus alarmantes predicciones.

APRÉNDETE ESTO DEL DERECHO Y DEL REVÉS

¿Cómo es posible que la gente de Dios, y en especial la generación de los adolescentes, resulte destruida por una falta de conocimiento? ¿Será que es la propia ausencia de conocimiento la que destruye?

Probablemente no. Se destruyen por el suicidio, por la pornografía en Internet, por el abuso de substancias, por el sexo prematrimonial, y por las enfermedades de transmisión sexual. Con posterioridad, lo que los destruye son los matrimonios fallidos, el consumismo y la avaricia, a la que la Biblia llama idolatría. Resultan devastados por la culpa que los incapacita, por lamentarse de los errores cometidos en el pasado y por las decisiones tomadas cuando la línea entre lo que está bien y lo que está mal les resultaba borrosa. Se destruyen por no conocer de primera mano a Dios, quien tiene un mejor destino en mente para ellos, ese Dios que quiere llamarlos, salvarlos y preservarlos. Oseas concluyó su oráculo con una última súplica, que no solo se aplica a su profecía sino a todo el contenido de la Palabra de Dios. «El que es sabio entiende estas cosas; el que es inteligente las comprende» (Oseas 14:9).

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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