EL SACERDOCIO DE TODOS LOS Y LAS CREYENTES

Uso la frase «sacerdocio de todos los y las creyentes” a propósito. Es importante dar más prota­gonismo a las niñas, adolescentes (mujeres) y jóvenes (mujeres). Parte de la reforma tiene que ver con involucrarlas en el ministerio como sacerdotisas. Parte de tener presencia y ganar a las nuevas generaciones tiene que darse y hacerse con estas mujeres que están con nosotros para alcanzar y cambiar el mundo.

En la época de la proclamación todos los creyentes salieron a predicar en las calles. Todos lo hacían y vivían el sacerdocio de todos los y las cre­yentes. Cambiaban sus creencias, después su comportamiento, finalmente tuvieron un lugar al cual pertenecer.

En la época de la programación decidimos meternos más en los templos. Decidimos tener evangelismo y discipulado en la iglesia local. Esto fue bueno en su momento porque muchos conocieron a Dios en los templos. Pero el problema es que se redujo el sacerdocio de todos los y las creyen­tes, delegando toda la responsabilidad a los pastores y líderes. Solo ellos podían dirigir un programa. Tenías que tener muchos años en la fe antes de estar en la plataforma, con muchos títulos del seminario para estar suficientemente capacitados. En la programación cambiaban primero su comportamiento, después sus creencias y al final tuvieron pertenencían.

En la época de la presencia tenemos que soltar a las nuevas generaciones y enseñar a las generaciones más viejas, como yo, a salir otra vez al mundo y estar con ellos. La ventaja de esto es que ya no tienen que ser los pas­tores más capacitados y líderes quienes hacen todo el trabajo y servicio. Podemos soltar a todos y tener mayor impacto.

En la presencia primero tienen que tener pertenencia, después podrán creer, y al final cambiar su comportamiento. Es casi imposible para un chico de hoy creer primero. Tienen que sentirse seguros en un grupo donde los aceptan para poder abrir sus mentes lo suficiente para creer.

La preocupación de los pastores es confiar en todos los miembros de la iglesia para vivir como sacerdotes. ¿Qué hacemos si tienen mala teolo­gía? Tenemos que enseñarles en la iglesia para que salgan a representar bien a Dios y su iglesia. Si empiezan a reunirse aparte con un grupo en el mundo, ¿qué haremos con las ofrendas? Tenemos que confiar que el mismo Espíritu Santo está guiándoles tanto a ellos como a nosotros. Pero si logramos a capacitar bien a los miembros de la iglesia para salir a ser la iglesia y cumplir con el sacerdocio de todos los y las creyentes, tendremos un mayor impacto para el reino de Dios que intentar invitar al mundo a entrar a la iglesia para ser salvos.

Yo fui pastor de jóvenes en una iglesia, dirigía la música y era el subdirector del seminario. Estaba enseñando un curso de Evangelismo y Discipulado. Un día me di cuenta que no tenía ningún amigo no cristiano. Todo mi ministerio estaba en la iglesia y con cristianos. Estaba presente con los de la iglesia, pero no con los que estaban afuera de la iglesia. Me sentí mal al estar enseñando evangelismo cuando no estaba suficientemente en el mundo para ser sal y luz. Regresé a mi casa esa noche. Era un viernes a las 9:30 pm y vi a mis vecinos bebiendo licor en la esquina. Me acerqué y puse mi maletín en la vereda y les saludé. Cuando me llegó el vaso lleno de cerveza dije “No, gracias.” Ellos se ofendieron. Me dijeron, “Sabemos que ustedes los evangélicos no se emborrachan como nosotros, pero no nos ofendas en nuestra cultura. Si no quieres tomar cerveza, llenas el vaso y lo entregas al que está a tu lado; y nadie te dirá nada.”

Cuando me llegó el vaso de cerveza, simplemente lo pasé como me dijeron que haga, pero estaba preocupado que el pastor titular o uno de mis jóve­nes me vieran y pensaran que estaba emborrachándome. Gracias a Dios no pasó. Sin embargo, al pasar la noche empezaron a abrirse conmigo. Me contaron de sus familias, de sus luchas y hasta de sus pecados. Después me invitaron a jugar fútbol con ellos el día siguiente, en la mañana. Empecé a jugar 3 veces por semana en las mañanas y empecé a tener amistad con ellos. Después de dos años, uno de ellos, el más borracho se enfermó y me invitó a orar por él. Dijo, “Quiero que el cura venga a rezar por mí.» Me llamaron así, porque no conocían la diferencia entre pastor y sacerdote. Dos de ellos llegaron a la iglesia porque jugué fútbol con ellos y les acom­pañaba en la esquina. Nunca tomé con ellos. Nunca participé en pecado alguno con ellos. Pero estuve suficientemente cerca suyo para ser sal y luz.

Esto es lo que significa estar presentes. Estar en el mundo, pero no ser del mundo. Estar no tan alejado del mundo para alcanzarles con el evangelio.

CONCLUSIÓN

Para vivir como sacerdotes con todos los y las creyentes tenemos que vivir con presencia. No significa que no podremos usar la proclamación o los programas. Podemos seguir usando estos métodos, pero obviamente tienen que ser renovados. Pero si no aprendemos a vivir presentes con las nuevas generaciones vamos a perderlas de nuestras iglesias y no vamos a poder alcanzarlas para el Señor. Como iglesia de Cristo, siempre estamos a una generación de la extinción. El Señor nos anima y nos motiva a con­tinuar alcanzando a las siguientes generaciones. (2 Pedro 3:9, NBD).

No podemos quedarnos atrás. Las generaciones pasadas aprendieron como actualizarse en el transcurso del tiempo. Usaron la proclamación y los programas para alcanzar a sus jóvenes. Nosotros también pode­mos aprender nuevos métodos para alcanzar a esta generación de niños, adolescentes y jóvenes. Seamos creativos. Seamos bíblicos. Ejerzamos el sacerdocio de todos los y las creyentes viviendo en comunidad con ellos, ayudándoles a experimentar a Dios en sus vidas, aplicando su Palabra en todas las circunstancias para que nuestras próximas generaciones sean salvas.

Extracto del libro Reforma Que Alcanza a Las Nuevas Generaciones

Por Por Rich Brown

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