El concepto de la administración se encuentra a través de todas las Escrituras. De acuerdo con la Palabra de Dios, nuestras vidas y nuestros recursos son regalos divinos para ser devueltos a él en servicio a los demás. Creo que tenemos que ver a esta generación como un regalo que le ha sido dado a la iglesia para ser devuelto al mundo a fin de que cumpla los propósitos de Dios. ¿Cuáles son al­gunas de las formas en que se debe cuidar de estos regalos de modo que estén preparados para el servicio en nuestra cultura obsesiona­da con la ciencia?

Para averiguarlo, debemos mirar de nuevo a Daniel, el joven hebreo exiliado que es famoso por haberse visto atrapado en el foso de los leones. Mucho antes de su encuentro con las bestias se nos dice que a él y sus compañeros se les enseñó «la lengua y la literatu­ra de Babilonia» (Daniel 1:4).

«Literatura» aquí abarca la literatura escrita de Babilonia, así como el conocimiento que había detrás de ella. De hecho, el texto en realidad describe una inclinación científica en la búsqueda del conocimiento. Dice que Dios les dio «una aptitud inusual para en­tender» estas habilidades y temas (vs.17).

El primer capítulo del libro de Daniel da algunos antecedentes sobre cómo y por qué Daniel fue luego capaz de hablar profética- mente en la habitación del trono del rey de Babilonia. Cuando era joven se le enseñó la forma de Babilonia de ver y comunicarse en el mundo. Con su don intelectual y sus conocimientos, y dedicándose a aprender todo que podía en estos campos, pudo con el tiempo hablar con autoridad ante colegas y superiores en la corte del rey

Nuestra economía moderna, el lenguaje, los medios de comu­nicación y la sociedad están dominados por la ciencia, nos guste o no. Si vamos a ser formadores de la cultura, en lugar de unos consu­midores ciegos de ella, debemos preparar a nuestros jóvenes a estar en, pero no ser de, la ciencia. ¿Qué significa esto? Los jóvenes cris­tianos que son llamados a ocupar puestos en la investigación cientí­fica y la pedagogía deben ser alentados por la comunidad cristiana a seguir sus llamamientos al máximo de sus capacidades. Tenemos que ayudarlos a descubrir cómo su campo de estudio y trabajo ele­gido está estrechamente relacionado con el diseño de Dios para el mundo y ellos mismos.

En lugar de ser alentados por la comunidad cristiana a investi­gar la buena creación de Dios con asombro y reverencia, a demasia­dos jóvenes científicos, como a Mike, les han dicho que su curiosidad resulta peligrosa. Hace poco escuché a un pastor declarar que las cuestiones intelectuales son un mecanismo de defensa utilizado por aquellos que no quieren aceptar a Cristo. Eso puede ser cierto en algunos casos» sin embargo, ¿no es este argumento del pastor en su raíz un rechazo del regalo de Dios de la razón humana? El inte­lecto no se debe utilizar para disminuir nuestra reverencia a Dios, pero subyugar la inteligencia a fin de evitar preguntas embarazosas sobre nuestro mundo también roba la gloria creativa de Dios.

Debemos hacer un mejor trabajo desafiando y capacitando a todos los jóvenes cristianos —no solo a los aficionados a la cien­cia— a pensar con claridad, honestidad y de forma global acerca de los temas científicos. Esto incluye la comprensión de las varias filo­sofías que sostienen la ciencia, el cientificismo y el conocimiento. Enseñarles filosofía a los adolescentes y adultos jóvenes no es fácil, pero si no lo hacemos podríamos estar pidiendo demasiado poco de la próxima generación y estableciendo nuestras expectativas de ellos demasiado bajo.

No obstante, el primer paso es darle un vistazo a nuestra retó­rica. De ninguna manera todos los cristianos y líderes cristianos son abiertamente hostiles hacia la comunidad científica, pero las percepciones medidas por nuestra investigación indican que la for­ma en que la iglesia asume su posición en nuestra cultura es tan importante como la posición en sí misma.

Si la forma en que la iglesia ha respondido e interactuado con la ciencia es un problema, ¿qué debe cambiar? ¿Cuál debería ser la respuesta de la comunidad cristiana a una cultura dominada por la ciencia? Creo que las personas de fe tienen una responsabilidad y una oportunidad para hablar de manera positiva y profética sobre los asuntos de la ciencia» en lugar de responder desde la hostili­dad o la ignorancia. Debemos trabajar juntos para ofrecer una voz respetuosa, viable y cristiana al diálogo colectivo en cuanto a la in­vestigación de células madre, la clonación, la experimentación con animales, los productos farmacéuticos, la tecnología de impacto en el cerebro humano y el alma, la cirugía cosmética electiva y el realce de la belleza, la nutrición, la agricultura, las armas militares y tec­nológicas, y muchos otros asuntos de la ciencia y la ética. No será fácil, la curva de aprendizaje resultará empinada para muchos de nosotros, sin embargo, si deseamos apoyar a la próxima generación en el servicio de los fieles, debemos hacerle frente a este complejo desafío. Estas son algunas maneras en que podríamos convertirnos en socios creíbles y confiables en el diálogo con la comunidad científica.

Extracto del libro Me Perdieron

Por David Kinnaman

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