Aprovecha el conocimiento, las ideas, las locuras de los demás líderes, de los jóvenes, de otros adultos para formular una nueva propuesta creativa.

Son solo siete notas. Cada instrumento ejecuta las mismas siete. Sin embargo, la combinación armoniosa de las mismas, las pequeñas varia­ciones en acordes, escalas y tonalidades dan rienda suelta a la imaginación. Tan solamente con siete notas es posible componer una cantidad inimaginable de melodías, de canciones; una hermosa expresión de la creatividad musical.

Confieso que no tengo la mente de un músico (nunca he escrito una canción, y con dificultad interpreto las que ya existen); quizá por eso los admiro más. Los mú­sicos me inspiran, me desafían, me retan a ser creativo, a encontrar lo nuevo, a usar lo existente para llegar a lo no conocido, a disfrutar el proceso, a fallar en el intento, a no conformarme y a ser original.

El ministerio juvenil es un campo como el de la mú­sica: demanda creatividad. Cada programa, cada lec­ción, cada proyecto quiere empujar mis límites para encontrar una idea creativa. Tan solo una, una buena idea más y sobreviviré el momento (hasta que llegue el desafío de la siguiente semana). Quiero ser creativo. ¡Tengo que serlo!

Para muchos de nosotros pensar en ser creativos puede volverse más un dolor de cabeza que una bendi­ción. La presión que existe (de hecho, en este instante me siento así porque necesito la creatividad suficiente para escribir) tal vez nos lleva inevitablemente al des­ánimo y la derrota. «¿Creativo yo? No, eso es para ge­nios, para otros, no para mí».

A través de los años como líder juvenil he aprendido a ser creativo (en una forma creativa). He llegado al convencimiento de que todos (me incluyo, te incluyo) tenemos la capacidad de ser exitosamente creativos. Es posible disfrutar el proceso; es factible encontrar esa idea «wow». Está a nuestro alcance. Es parte de nuestra naturaleza (de hecho, de la naturaleza de Dios, que nos creó a su imagen). Lo que hace falta es un leve cambio de paradigmas que nos facilite el camino hacia las ideas creativas.

Ahora bien, quiero sugerirte siete postulados que desafiarán tu manera de pensar y estimularán tus ideas para encontrar la próxima idea genial que necesitas en el ministerio juvenil.

La creatividad es pensar en algo que nadie se le ha ocurrido hasta ahora. ¿Por qué nos parece que algu­nas personas son genios increíbles o fuera de esta ga­laxia? Bueno, porque tienen ideas que a nosotros no se nos habían ocurrido (y porque parece que les re­sulta muy sencillo encontrarlas). Con un poco de es­fuerzo, de tiempo para pensar estoy seguro que encontraremos ideas para enseñar esa lección, para re­alizar aquella actividad que a nadie más se le había ocurrido (y que esperamos funcionen). En otras pala­bras, creatividad es llegar a algo nuevo a partir de lo que ya existe.

Si solo hay una forma de hacer las cosas, seguro que es la equivocada. Para obligarme a encontrar esa idea creativa (que a nadie se le había ocurrido), tengo que torturar mi conformismo y no dejarme en paz hasta que encuentre otra forma de hacer las cosas (aunque la forma actual dé buenos resultados). Por otra parte, la rutina, lo metódico, lo repetitivo puede matar tu creatividad. Si has estado dirigiendo las actividades de grupo de la misma forma por un buen tiempo, ten­drás que pensar en al menos diez maneras distintas en que aquello pudiera hacerse (está bien… quizás no fue prudente pedirte diez… ¿entonces qué tal veinte?) ¡Claro que existe otra manera, y no me rendiré hasta que la encuentre!

Dos o más cabezas piensan mejor que una. El minis­terio siempre es un trabajo en equipo, y pensar en cómo desarrollarlo es proyecto de muchos. En este sentido, aprovecha el conocimiento, las ideas, las locuras de los demás líderes, de los jóvenes, de otros adultos para for­mular una nueva propuesta creativa (ya sea para dar una clase, para organizar un evento, etc.) Invita a otros a que se unan contigo para llegar a más ideas. Lanza las preguntas («¿Qué harían ustedes para…?», «¿Cómo podría ser diferente la manera de…?») y prepárate para escuchar y tomar notas. Déjalos hablar, incluso cuando parezca que dicen meras tonterías (una «estupidez» puede despertar el genio que hay en ti).

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