¿Qué razón tendría una persona para cortarse, quemarse, rasguñarse, golpearse, morderse, pegarse, marcar o cicatrizar su cuerpo? ¿O arrancarse el pelo? Bueno…. ella podría ser diagnosticada con una discapacidad mental, autismo, o desorden bipolar. Ella podría sufrir depresión, ansiedad, o trastorno de estrés postraumático. Lo más probable es que sea víctima de abuso o violencia sexual.

La conducta autolesiva es la destrucción o mutilación repetitiva pero no letal de la piel sin un intento consciente de suicidio. De hecho, una persona podría involucrarse en autoagresión para no llegar a matarse. Se inflige dolor físico para expresar su dolor interior, para contextualizar y quizás controlar el temor, la ira, el vacío, el aislamiento y la pena. Los adolescentes victimizados que carecen de la capacidad de hablar acerca de su dolor pueden expresar su dolor y su agotada autoestima con conductas de autodestrucción. Los desórdenes alimenticios generalmente coexisten con la autolesión.

DAME UNA SEÑAL

  • Muchas pulseras o brazaletes juntos en la muñeca o el tobillo.
  • Hojas de afeitar, cuchillas, cuchillos, clips de papel abiertos, o vidrio roto oculto en su habitación o entre sus pertenencias.
  • Piel pelada.
  • Rasguños en la piel.
  • Pérdida de partes de cabello.

Muchos chicos y chicas que se autolesionan escogen lugares escondidos que nadie pueda ver, lo que es una buena razón para no usar traje de baño o ir a ver a un médico.

La mayoría de adolescentes continuarán con la conducta autolesiva hasta que los problemas más profundos sean resueltos. El medicamento puede aliviar los síntomas de ansiedad, estrés, o depresión, pero el principal tratamiento de la automutilación es sacar al descubierto y abordar la raíz de la causa del dolor.

PLAN DE ACCIÓN: APERTURA

Reconoce qué sabes acerca de cortarse y otras formas de conducta autolesiva y que no te escandalizarías si supieras que la gente trata de controlar su dolor de esa manera.

No confundas la conducta autolesiva con perforaciones moderadas del cuerpo (piercings) o con tatuajes. Las perforaciones o los tatuajes excesivos merecen una revisión.

Si sospechas que un adolescente sufre asalto, abuso sexual, o algún otro trauma considerable, no dudes en preguntar, gentil pero directamente, si alguna vez siente ganas de lastimarse a sí en momentos de alto estrés. Si recibes un sí o un no suave, pregunta directamente si hizo algo para lastimarse.

Si no estás seguro, no sientas temor de preguntar si alguna vez fue asaltado, sexualmente abusado, o si tuvo alguna otra experiencia traumática, y conecta eso a las conductas autolesivas. Lo mismo si ves señales que puedan indicar autolesión: pregunta gentil y directamente si la lesión es lo que parece ser. Si no confías en la respuesta, presiona hasta tener una más clara.

Revisa otros capítulos sobre violencia, intimidación, violación, incesto, abuso sexual, y trastorno de estrés postraumático para conocer más en cuanto a cómo procesar estas categorías de crisis. Si crees que la conducta autolesiva no es un sustituto de hacer mayor daño sino un preludio a suicidio, revisa el capítulo sobre suicidio AQUÍ.

De cualquier manera, si sientes que esto es más difícil de lo que puedes manejar, refiere al joven a un profesional capacitado, tan pronto como sea posible.

Anímalos a llevar un diario, a la poesía, al dibujo, la música, y a grabar video.

Pídeles a los jóvenes que te llamen antes de lastimarse (eso significa un compromiso de 24 horas por 7 días durante una fase aguda de conducta autolesiva).

Enseña tácticas abiertas, como:

  • Buscar compañerismo en lugar de aislamiento.
  • Meditar en la serenidad de la oración.
  • Practicar técnicas de distracción, como pequeños períodos de ejercicio o respiración controlada.
  • Presiona a los estudiantes para seguir trabajando en las causas escondidas hasta que sean solucionadas.

Mantente alerta porque algunas personas regresan a la conducta de autolesión durante épocas de desequilibrio, así que regresa al principio de esta lista y asume que estás con ellos en esto a largo plazo.

Extracto del libro Cómo Ayudar a Jóvenes en Crisis.

Por Jim Hancock y Rich Van Pelt

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