42. SEPARA EL EVANGELIO DEL MERCADO

Los adultos jóvenes de hoy se han visto saturados por el mercado desde la infancia Desde los avisos en la Internet hasta la colocación de pro­ductos en las películas, el mensaje del mercado ha aprovechado todo inven­to imaginable para obligar a seguir un comportamiento: compre, únase, vista, vote, obtenga Me pregunto si los mensajes religiosos fácilmente terminan en la misma carpeta del correo basura en las mentes cansadas del mercadeo. Si vamos a alcanzar el corazón de los desilusionados, debemos renunciar a inten­tar igualar los mensajes de mercadeo en lo que respecta a la moda el volumen o el entretenimiento.

Lo realmente esencial ofrece un marcado contraste con el mundo falso del mercadeo, Por eso es que la autenticidad es vista como la más alta virtud hoy, aun cuando se trate de algo feo o vicioso. En un mundo que anhela la autenticidad, cualquier mensaje cristiano que señala el impacto de la técnica la tecnología o los métodos de un «nuevo paradigma» no hará más que atraer la atención por un corto tiempo. Debemos hacer que la verdad se pueda palpar. Las Buenas Nuevas deben ser tan tangibles como la madera de una cruz. Sin una expresión visible, palabras como transformación, gracia y discipulado radi­cal serán desechadas rápidamente como solo otro anuncio de ventas hiper­bólico. Sin embargo, estas palabras hechas visibles —incluso imperfectas— se abrirán paso como un huracán entre los mensajes que compiten.

Enfatizar lo visible no significa disminuir la importancia de las palabras o ideas. Fortalecer la visión bíblica y el lenguaje resulta tan vital como siempre. No obstante, cada idea que compartimos debe ir unida a una expresión tan­gible Si hablamos de que Dios nos adoptó, adoptemos un huérfano. Si des­cribimos la gracia, visitemos al prisionero. Si hablamos de la provisión de Dios, proveamos para el hambriento y el necesitado, Este es el evangelio despojado del mercadeo: encamar la eterna verdad en madera, polvo y piel.

43. LEVANTA AL DIOS DE JUSTICIA

Somos apremiados por Cristo Jesús a demostrar con nuestras vidas que hay un reino que llama a la futura generación a dar todo lo que tiene y todo lo que es por las cosas que más importan. Esta generación sabe que algu­nos de los más grandes sufrimientos de nuestro mundo son causados por los grandes desastres de la injusticia violenta, y quieren hacer las cosas bien. Esta, por lo tanto, es la generación que se levantará para conocer, amar y seguir a Jesús, ya que encuentran en él al único y verdadero Dios de justicia, quien res­taura un mundo quebrantado bajo el peso de la oscuridad. Cuando apreciemos las oportunidades de guiar a esta generación, demostrándole que el cuerpo de Cristo es una vasija de ia justicia restauradora y libertadora de Dios, veremos sus corazones ganados para el Rey que ha obtenido la suprema victoria sobre el más grave mal.

44. APRENDE DE LOS AMISH

Soy hijo de un predicador. Mientras crecía, siempre ocupaba un asiento en la banca del frente, ya que tenía pasión por la iglesia y una dosis saludable de política La vida religiosa para mí no se detenía con la bendición; me seguía a casa con las conversaciones alrededor de la mesa acerca del bautismo y los presupuestos, la comunión y la controversia Resultaba abruma­dor. Al mirar en retrospectiva, puedo ver que el diluvio de asuntos de la iglesia desplazó a Cristo.

Dejé la iglesia por completo. Pasé mis primeros años de universidad a seis estados de distancia de mis padres y a un millón de millas de mi fe. Se necesitó mucho tiempo para sacar los «asuntos» de la iglesia de mi mente para darme cuenta de que el mensaje de Cristo no estaba en un edificio o una reunión anual, sino a los pies de la cruz.

Los amish envían a sus jóvenes lejos de casa en un rito de tránsito llamado Rumsprínga, palabra que literalmente significa «divagar». Cuando los amish jóvenes llegan a los dieciséis años, sus padres abren las puertas de sus cerradas comunidades y les otorgan el permiso de irse. Nosotros no te obliga­mos a escoger esta iglesia y esta vida, señalan. Debes elegir por ti mismo. Te criamos bien, pero es tiempo de que encuentres tu propia fe. No estoy diciendo que cada chico cristiano necesita un completo Rumsprínga, pero algo de distancia de la fe de sus padres, a fin de decidir cómo establecer su propia fe, puede ser algo bueno. Así como los amish han descubierto, la vasta mayoría de ¡os que fueron «criados bien» escogerán por si mismos seguir a Cristo.

45. RAZONA CON CLARIDAD

Todo comportamiento humano y estructura institucional refleja el compromiso moral hacia algo, aun si este compromiso se da tanto por ga­rantizado que ya ni lo notamos. El hecho de que la esclavitud sea ilegal en los Estados Unidos, por ejemplo, está basado en las creencias, acerca de esta dig­nidad inherente, de una persona que fue en su tiempo amargamente refutada La revolución sexual de 1960 descansaba en una creencia en la separación del cuerpo, el corazón y la mente. Sin embargo, ¿es esta creencia cierta con respecto a cómo los humanos realmente son? Si no, ¿cómo son entonces eri realidad? ¿Para qué estamos? ¿Cómo lo sabemos?

Cuando enseñaba religión comparativa y ética a chicos de la escue­la secundaria extremadamente brillantes, encontré que ellos no sabían cómo confrontar las horribles prácticas humanas con un argumento razonable. Re­currían a eslóganes como: «No es mi tarea decidir lo que está bien para otra gente». ¡Esto sucedía cuando discutíamos sobre la mutilación genital o incluso la esclavitud!

Una de las mejores cosas que le puedo dar a la próxima generación es un vocabulario filosofal con el cual entiendan las eternas preguntas de la ex­periencia humana, así como un claro entendimiento de las posibles respuestas y sus consecuencias. No estoy hablando de apologéticas cristianas ni ningún tipo de racionalismo que intente probar que un punto de vista es mejor que otro. Me estoy refiriendo a una habilidad calmada y bien pensada para probar los compromisos morales de lo que se ve, escucha y pregunta: «¿Suena esto a verdad basándome en lo que conozco de la naturaleza o ¡a necesidad huma­nas? Si no, ¿por qué no? ¿Y qué podemos hacer al respecto?».

Extracto del libro Me Perdieron

Por David Kinnaman

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