Cuando comencé a utilizar Twitter en Noviem­bre del 2009, me encantó un App que estaba disponible para mi BlackBerry y que se llama­ba Uber Twitter, nombre que luego cambiaron a Uber Social. Me gustaba este App porque te­nía la función para ver los tuits de una manera más clara que el mismo App oficial. Además tenía la función en la que uno podía ver lo que las personas estaban tuiteando a ciertos kiló­metros de distancia a la redonda de donde uno se encontraba.

Unos días después de haber descargado el App, viajamos con mis papás, mis hermanos y nues­tras esposas e hijos, a un lugar precioso en el departamento de Retalhuleu en Guatemala, también conocido como Rehu. En ese lugar el IRTRA (Instituto de Recreación de los Trabaja­dores) construyó en medio de un clima tropi­cal increíble, un complejo de varios hoteles con piscinas y dos parques temáticos. Uno acuático que se llama Xocomil y otro con juegos mecá­nicos y shows que se llama Xetulul. Ese lugar es un regalo para vacacionar con la familia.

Después de cenar junto a toda la familia nos fuimos al cuarto. Estaba recostado en mi cuar­to viendo mi cuenta de Twitter cuando me pregunté ¿Quiénes estarán hospedados aquí y qué estarán tuiteando? Fue entonces cuando descubrí una conversación que verdaderamen­
te me afligió. Era una conversación a lo que pude inferir por todo lo que públicamente se escribían y respondían el uno al otro, que era de una pareja de jóvenes con menos de un año de matrimonio, una pareja que estaba pelean­do y estaban peleando ¡públicamente! Todos sus seguidores podían leer el acontecimiento en tiempo real. Sin lugar a dudas no estaban juntos en ese momento en el cuarto. Él le recla­maba por ese hombre que había tenido y ella respondía con otra carta sucia bajo la mesa. Estuve a punto de enviarles un tuit a ambos y decirles que estaba a las órdenes si querían que nos juntáramos a platicar y ayudarles en algo. Por fin, la pelea pública se detuvo. Dejaron el registro que uno de ellos había regresado al cuarto a solicitud del otro.

Peleas públicas de este tipo en las redes so­ciales, no hacen sino afectar negativamente a cualquier noviazgo, no sólo a nivel reputación de ambos, sino que arrastrarán basura de su noviazgo a su matrimonio.

Yo que todavía soy de la generación que vi surgir el Internet, los celulares y toda la híper conexión que hoy tenemos a través de las redes sociales y de otros servicios gratuitos, recuerdo cómo las cosas han cambiado. De lo positivo es que hoy todo el mundo tiene una voz pública. Todo el mundo puede opinar y aún países enteros se han movilizado en contra de las injusticias mediante el uso de las redes sociales como Twitter.

Pero uno de los lados negativos que he encontrado en esta híper conexión, es la falta de prudencia, respeto y la pérdida del concepto de privacidad que muchos están experimentando en este mundo digital. Se escribe lo que nadie ni si­quiera se atrevería a decir en persona. Y peor aún, bajo el enojo, se publican cosas imprudentemente que afectan a quien las publica y a quien las lee. He visto a políticos hablar de situaciones críticas de una forma arrebatada. Hasta algunos de aquellos que predican sobre sabidu­ría y prudencia, han perdido en algún momento la cordura y en un momento de locura publicaron lo que no debían hablando mal de una aerolínea o servicio mientras estaban molestos. No le va a na­die hacer esto.

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Soy padre de tres hijos.

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