Texto: NÚMEROS 5 (leer con Biblia a mano)

No nos gusta que nos repitan mil veces lo mismo, y no seria necesario que lo hicieran si escucháramos y tomáramos en serio lo que nos dicen. Y actuáramos en obediencia. Pero no siempre lo hacemos. Nos ofendemos rápidamente, nos “olvidamos” deliberadamente, o nos da un ataque de sordera extrema para no escuchar aquello que es para nuestro propio bien. Por ese motivo, ¡otra vez!, necesitamos escuchar el consejo o la corrección… aunque no nos guste para nada.
Y en esta oportunidad, ¡otra vez!, Dios vuelve a recordarle al pueblo de Israel (y a nosotros también) la importancia de vivir en santidad.

INSTRUCCIONES 53: OTRA VEZ… EL PECADO
¿A quiénes debían echar del campamento? (vs.1-4)
Imagínate a toda la iglesia reunida un domingo por la noche. El pastor se pone de pie y dice: “Todos los que están viviendo en pecado, todos los que tienen actitudes que no bendicen, todos los que hablan mal y piensan mal acerca de alguien, los amargados, los quejosos y los que se enojan por nada, los que tienen sexo con su novia/o, los que engañan a sus esposas/os y son infieles… tienen que levantarse e irse afuera porque están contaminando la casa de Dios…”.
¿Cuántos quedaríamos adentro?
Y tú, ¿en qué grupo estarías? ¿En los que se quedan o en los que se van?

¡Gracias a Dios que ahora no es como antes! Aunque la naturaleza de Dios no ha cambiado, desde que Jesús murió en la cruz, su método sí ha cambiado. No somos expulsados de su Presencia ni tratados como “peligrosos para los demás” como en el antiguo Israel, sin embargo, Dios sigue rechazando el pecado y levantándose contra todo aquello que nos lastima y perjudica. Él sigue buscando formar en nosotros santidad, frutos, propósito y libertad. Por lo tanto, expulsa de tu vida todo lo que te enferma, lo que te ensucia, lo que te contamina. ¡Échalo lo más lejos que puedas!
Habrá conversaciones que ya no te convendrá tener… amigos con los cuales no te convendrá estar… palabras a las que tendrás que renunciar… música que ya no te convendrá escuchar… o series que deberías dejar de mirar…
Ora diciéndole al Espíritu Santo que te muestre lo que te contamina, lo que te frena en tu crecimiento, lo que te lastima, lo que no te sirve para nada… y sácalo de tu vida. Sé libre, disfruta, alcanza tu propósito. Vive en santidad.
También tienes que saber que al que persiste en pecar, sin importarle nada de nada, Dios mismo se encargará de “cortarlo” para que no contamine a otros. En ocasiones muy concretas, los pastores de la iglesia deben tomar la drástica decisión de expulsar de la congregación a aquellos que la destruyen y contaminan. Y al hacerlo, NO discriminan, sino que actúan de acuerdo a la santidad de Dios.

INSTRUCCIONES 54: OTRA VEZ… CONFESAR Y RESTITUIR
¿Qué más tenían que hacer aquellos que confesaban su pecado? (vs.5-10)
Si tu pecado fue contra otras personas no alcanza con “llorar un poquito” y decirle “perdóname por toooodooo”. No. Tienes que hacer algo más. Tienes que compensar el daño que le causaste. Tienes que restituir. Por ejemplo:

  • Si robaste, devuélvelo en perfectas condiciones o compra uno superior.
  • Si agrediste públicamente, o hablaste mal de alguien, pide perdón públicamente y además honra y habla bien de la persona a la que agrediste.
  • Si rompiste algo, repáralo o cómpralo nuevo.
  • Si vendiste lo que no era tuyo, recupéralo a un mejor precio.
  • Si te enojaste con alguien y lo trataste muy mal, haz restitución con palabras y actitudes que lo sanen y le hagan bien.

Esto es restitución. Pero no te confundas, no significa “convertirte en esclavo de esa persona”, sino en reparar el daño que le causate. Así era la ley de la restitución: compensar el daño causado y darle un 20% más.

INSTRUCCIONES 55: OTRA VEZ… TRATAR CON LOS CELOS
¿Cómo trataban el problema de los celos matrimoniales? (vs.11 al 31)
¡Imagínate el desfile de panzas hinchadas y muslos caídos que veríamos en la iglesia si practicáramos la ley de los celos! Hoy estamos libres de aquellas consecuencias físicas pero no de las consecuencias espirituales y emocionales que generan los celos: amargura, dolor, divisiones, desconfianzas, inseguridades, dudas, acusaciones, culpas… ¿quién puede ser bendecido y bendecir a otros con todo esto en su corazón?
¿Eres celoso? Los celos nacen de la propia inseguridad, del temor a ser abandonado, del egoísmo y de la desconfianza.
Limpia tu corazón, confiesa tus pecados, aprende a verte y a valorarte en Cristo. Aprende a creer en los demás. Aprende a crecer y a madurar. Y aprende a perdonar si realmente te han engañado y te han sido infiel.

Extracto de «Serie Desafios Números» por Edgardo Tosoni


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