Texto: NÚMEROS 36 (leer con Biblia a mano)

¡Último capítulo! ¡Último día! ¡Felicitaciones por haber llegado al final y no haberte dado por vencido/a!. Es de valientes y de constantes terminar lo que uno comienza… en todas las áreas de la vida. Has comenzado a leer un libro, finalízalo. Has comenzado el nivel secundario de estudios, finalízalo. Has comenzado la universidad, finalízala. Debes materias en el colegio, preséntate y apruébalas. Has comenzado un nuevo proyecto, finalízalo. Has comenzado una relación de pareja en Dios y la amas y te ama, avancen y crezcan juntos. No seas de los que dejan “cosas” a medio camino, a medio terminar. No dejes temas “inconclusos” en tu vida.

INSTRUCCIONES 79: EL CASAMIENTO DE LAS HEREDERAS
Vuelve un momento al Día 22. ¿Recuerdas a las determinadas y decididas? ¿Y recuerdas que gracias a ellas se modificó para siempre la ley de la herencia? Bueno… las chicas causaron una muy buena impresión y despertaron el interés de más de un muchacho dispuesto a enamorarlas y casarse con ellas. ¡Unas genias estas chicas!
Sin embargo, entre los líderes y jefes de la tribu de Manasés (a la que pertenecían las 4 hermanas), surgió una gran preocupación. Entre todos los que le habían “echado el ojo” a las inteligentes y simpáticas chicas había muchachos de otras tribus. Se ve que las chicas eran muuuuyyy sociables.
“¿Yyyyyyyyyyy?… ¿Cuál es el problema”?
Bueno… el problema se lo plantean los líderes y jefes a Moisés. ¿Qué le dicen con respeto a las chicas? (vs.1-4)
¡Entiendes? El problema era este: si ellas se casaban con muchachos de otras tribus, su herencia pasaría a pertenecer a esa nueva tribu (a la tribu de su esposo), por lo tanto, la tribu perdería esas heredades que pasarían a ser parte de la herencia de las otras tribus. Perderían tierras, ganado, cosechas, recursos en general, que serían ganados por la tribu del esposo.

¿Cómo reacciona Moisés ante el planteo de los líderes? (vs.5)
¡Les dio la razón! ¡Claro! Era re-lógico lo que ellos planteaban. Las 4 hermanas no eran las únicas chicas solteras de la tribu. Había muchísimas más. Y lo mismo que planteaban los de Manasés, era la realidad de todas las restantes tribus.
Entonces para que esto no suceda… ¿Qué les ordena Dios? (vs.6-9)

¡Clarísimo! Ellas pueden casarse con quien quieran, son 100% libres de escoger… con una sola condición: tienen que elegir muchachos de la propia tribu. ¡Prohibido fijarse en chicos de otras tribus! Y la razón es para que las herencias no vayan pasando de tribu en tribu y termine armándose un lío fenomenal, reclamándose todos entre todos.
Aquí hay un principio espiritual importantísimo: cuando busques pareja, una novia o novio, búscala en tu misma “tribu”. Y por esto me refiero a que ella o él compartan tu misma fe, compartan la misma visión de la iglesia, compartan un llamado similar a servir a Dios. Cuántas más áreas compartan en común (lo cual no significa ser iguales ni mimetizarse uno con el otro), mayores serán las posibilidades de construir una pareja exitosa.

¿Qué hacen las 4 hermanas ante la nueva ordenanza? (vs.10-12)
Además de decididas, inteligentes y determinadas, estas chicas también son obedientes a la Palabra y respetuosas del liderazgo. Seas varón o seas mujer, estas son cualidades que deberías buscar en tu futura pareja.

UNA CONCLUSIÓN FINAL
Estos últimos capítulos nos animan a imitar a un Dios organizado, que se anticipa a los posibles problemas y planifica para obtener los mejores resultados. Un Dios de excelencia en todas las cosas.
Los evangélicos latinoamericanos, en general, solemos ser bastante desorganizados cuando hacemos las cosas (¡ojo, no todos!). O hacemos todo a las apuradas y que salga como salga, o improvisamos en el momento según lo mejor que se nos ocurra. Al actuar de ésta manera mostramos el poco interés que tenemos hacia lo que hacemos (sea estudio, trabajo o ministerio) y contagiamos a los demás con el mismo desinterés.
Somos desorganizados con nuestro tiempo, con nuestras pertenencias, con nuestro dinero, con nuestro ministerio, porque nos movemos por impulsos, improvisando, en lugar de esforzarnos por escuchar al Espíritu Santo, planificar de acuerdo a su dirección, practicar y ensayar al máximo.
Y esto es muy serio porque nuestro ministerio está consagrado a Dios y Él merece la excelencia de parte nuestra y no las sobras ni los restos de nuestras ganas y energías.
Muchos “le huyen” a la planificación porque piensan que se lo priva al Espíritu Santo de obrar. Sin embargo, si contamos con la aprobación de Dios y con la dirección del Espíritu, planificar nuestro ministerio, energías, tiempo, dinero y recursos, será la mejor opción para alcanzar la excelencia y alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Piénsalo.

Extracto de «Serie Desafios Números» por Edgardo Tosoni


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