Pasaje Clave: Lucas 15:17.

El versículo 16 es el final de la espiral de autodestrucción descendente.
Si no ocurre nada, lo que le espera es la muerte. Toda su vida se ha ido apagando, el hijo menor ha ido desapareciendo bajo el fango, en una dinámica de la que es imposible salir. ¿O no?
Los primeros oyentes de esta historia están esperando que “alguien” acuda a rescatarlo, que alguien lo encuentre, está perdido, está en el barro, es hora de que aparezca el héroe y le salve. Pero el buen pastor está con su oveja, y la mujer está tranquila en casa con su colección de monedas. “¿Dónde está el otro hermano? ¿O el padre? Aparecerán de un momento a otro.”
Pero no ocurre nada. No hay rescate, no como pensamos. Porque el ser humano necesita ser rescatado, pero no desde fuera solamente.
El ser humano está perdido por dentro.
Y es mucho más complejo que una oveja, y no es un objeto, Dios no va a tratarnos como objetos. Y no somos animales. El hijo perdido tiene voluntad propia, el problema es que a estas alturas su voluntad ya no es suya. Está presa, y es incapaz de reaccionar por sí sola. La solución entonces es imposible.
El rescate de la voluntad humana es imposible. Sólo un milagro puede salvarnos.
Y entonces ocurre ese milagro. Justo en la mitad del capítulo 15, una bisagra transformadora, al menos los primeros pasos de un cambio de inercia. El hijo “por sí mismo” reacciona y volviendo en sí comenzará una reflexión que le llevará de vuelta a casa.
Pero, ¿cómo se da este cambio?
En esta historia no lo sabemos.
Quizás, viéndose rodeado de cerdos, con el barro hasta el cuello, cayó en cuenta de lo terrible que era su vida. Pero ¿por qué en ese momento? ¿por qué no antes? ¿o después? ¿Cuál fue el detonante que le abrió los ojos y le hizo recordar?
Jesús no nos lo dice. La voluntad humana es el centro de lo que somos. ¿Hay algo que la mueve? ¿algo más profundo? El misterio de lo que subyace en lo más hondo de nuestro ser sigue sin resolverse, mientras tanto nosotros seguimos viviendo y tomando decisiones como si no hubiera nada más. Vivimos entonces en la ilusión de libertad, pero atados a cosas que ignoramos. Necesitamos conocer la verdad, y la verdad nos haría libres, auténticos. Verdaderamente libres.
¿Qué mueve tu voluntad? ¿Cómo sería tu historia?
En cualquier caso, si la Biblia dice que el hijo vuelve en sí, es porque no está en sí. Hasta ese momento estaba “fuera de si”. Lo que había hecho hasta ese momento lo había hecho como alguien que no era él mismo. Como un loco, un desquiciado o algo peor. Él era hijo de un padre, y estaba actuando como otra cosa.
El evangelio y su propuesta, ciertamente, no es que dejemos de ser nosotros. Demasiadas veces se ha presentado un mensaje donde se nos invita a dejar de ser nosotros para convertirnos en otra cosa. No.
La buena noticia es que podemos ser nosotros, el “nosotros” que Dios pensó que fuésemos, los hijos amados de un padre que espera pacientemente. Eso es lo que somos, pero vivimos fuera de nosotros mismos. Vivimos en la mentira del fango y la esclavitud, y si la verdad no alumbra nuestras mentes, podremos vivir y morir en esa mentira eternamente. ¡Vuelve a ti!¡Vuelve hacia ti! En esa huida de uno mismo
hacia fuera no encontraremos nada, sólo hambre.
¡Vuelve a ti, y serás humano, otra vez!
Porque este hijo parecía algo menos que humano, un despojo, que deseaba algo demasiado bajo para su condición. Pero volviendo en sí, recordó la verdad de quién era, a pesar de no merecerlo; recordaba de dónde había caído y dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, ¿No es increíble? Lo que recuerda no es a su padre dándole de comer, sino a los trabajadores, y los envidia porque ellos, sin ser hijos, tenían comida sufi ciente. Imaginaba a los jornaleros comiendo tranquilamente después de un día agotador. Disfrutando de una abundancia de la que él se había alejado.
Por el interés te quiero Andrés.
Sí, el hijo se acuerda de su casa, no porque eche de menos a su padre o su familia, sino porque tiene hambre. No es la relación con su padre lo que extraña, sino lo que eso le aportaba a su vida.
Nuestro amor hacia Dios es, como dice C.S. Lewis, un amor-necesidad. No es un amor perfecto. No es por el mero hecho de amar a su padre, sino por el pan que hay en su casa. Es por eso que recuerda a su padre.
Es cierto, nuestra alma necesita alimentarse y solo en casa del padre podemos tener lo que deseamos. Quizá no sea un amor perfecto, quizá no es la mejor razón para pensar en papá, pero al menos, Él vuelve a nuestra mente. Y para Dios, eso es suficiente. Porque si Él está ahí, en nuestro interior, aunque sea por una motivación equivocada, puede transformarnos.
Y yo no quiero valorar si el hijo merecía el perdón del padre, sabiendo que iba a volver no por un amor sin sombras, sino por necesidad. Porque al final al padre eso no le va a importar.
Él es capaz de limpiar mis motivaciones, aunque estén manchadas de barro. Porque no tengo otra opción, no tengo otra salvación. Lejos de Él, aquí estoy perdido, en este sitio, inmóvil, sólo, enterrado en el olvido perezco de hambre!

Gracias a Dios por el hambre del alma, porque apunta a una realidad que no se puede suplir con nada “aquí”.
Muy pocos de nosotros podemos imaginar lo que es morir de hambre, lo que es sentir hambre que duele. Pero sin duda, el hambre moviliza; hace que hagamos cosas, a veces buenas, otras veces malas. Pero no nos deja estar quietos. Las algarrobas saciaban temporalmente, pero había un hambre de pan dentro de ese joven, que solo podía ser saciada en una mesa. La de su padre.

PARA VOLAR
1. En la parábola ¿Qué significa “volver en sí” y como consecuencia “estar fuera de sí”?
Explícalo con tus propias palabras y haz una lista de rasgos de ambos perfiles: Rasgos de volver en sí vs. Rasgos de estar fuera de sí.
2. ¿Crees que Dios acepta siempre mi “amor-necesidad” o solo a veces?
¿De qué depende? ¿Cómo sé si amo con sinceridad o solo por interés?
¿Es todo el interés malo por definición?
3. ¿Qué aprendes del amor del Padre en este capítulo considerando que Él sabe que tenemos hambre y que, al menos en ocasiones, le buscamos por nuestra necesidad?

Extracto del libro “Perdido”

Por Alex Sampedro

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