Pasaje Clave: Lucas 15:15

Pero el orgullo no nos permite rectificar con facilidad. Los recursos para vivir se han terminado, pero nuestra alma sigue con hambre de identidad. Necesitamos alimentar nuestro ser con algún tipo de alimento. Necesitamos hacer algo con nuestra vida, darle sentido.
Y el Hijo pródigo en lugar de regresar a casa fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra.
No encontrando en él mismo nada que hacer, buscó fuera de él. Se acercó a un ciudadano, alguien respetable de la provincia. Posiblemente como un mendigo, un pordiosero, andrajoso, suplicando algo para hacer. No tenía propósito y por lo tanto buscaba alternativas, como todos nosotros. En nuestra necesidad buscamos sentido, buscamos alimento. Tenemos hambre.
Imagina al hijo perdido con harapos, con una mala imagen, un no-deseado. Se acercaba en una situación desesperada y este ciudadano solo querría deshacerse de él. No era necesariamente malo, simplemente un hombre, que formaba parte del sistema, un ciudadano, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.
Así, este hombre le dio “trabajo”. Por decir algo. No hay nada malo en apacentar cerdos. Cuidar de una piara. Pero en la cultura donde Jesús está contando la historia, el cerdo era un animal inmundo. Apacentar cerdos era un trabajo humillante, y quizá para muchos, repulsivo.
Eran animales sucios, sin demasiado valor. En la imaginación de los oyentes el hijo pródigo había llegado a un punto de no retorno, al lugar más terrible en el que podía estar. Al pozo más hondo. Vivir apacentando cerdos. “Maldito el que cría cerdos” reza el Talmud.
Habiendo nacido en casa de un padre hacendado, donde él podía ser heredero, lo desperdició todo y ahora se limita a sobrevivir haciendo lo que la vida le ofrece, estar con cerdos. Conformándose con lo que llega.
Además, tampoco era un trabajo “necesario”. Los cerdos no necesitan demasiados cuidados. Probablemente el ciudadano le dio esa tarea más para deshacerse de él que porque lo necesitase. Era algo “aparentemente útil”, una ilusión de hacer algo provechoso, pero objetivamente puede que no tuviera ningún sentido apacentar cerdos, solo darle una supuesta utilidad a su vida. Un propósito ficticio.
¿Te suena?
Porque cuando estás lejos del padre te conformas con cualquier cosa. Vivir para trabajar, o para sobrevivir un día más, o para tener más, para disfrutar más, lo que sea. Olvidando que éramos herederos de un padre que tenía una casa llena de alimento para nuestra alma. Nos encontramos en la hacienda, pero no es la nuestra, terminamos trabajando para “otro”.
Para alguien que ni siquiera tiene interés en nosotros; no busca que avancemos, solo quiere deshacerse de nosotros, jamás nos dará identidad de hijos.
Sufría de amnesia espiritual, ya no se sabía “el hijo amado”, y eso trae consecuencias terribles.
Terminó siendo un esclavo, un siervo, el último eslabón de la sociedad, rodeado de cerdos, tanto así, que quizá pensaba que él era uno de ellos.

PARA VOLAR

1. ¿A qué personas te has arrimado a lo largo de tu vida? ¿Por qué razón? ¿Qué te han aportado?
2. Acerca de apacentar cerdos, ¿qué tareas o responsabilidades estás llevando adelante sin meditar si son el lugar en el que debes estar?
Tómate el tiempo de repasar tus labores habituales para analizarlo con calma.
3. ¿Qué criterios deberíamos tener para decidir qué hacer con nuestra vida?
¿Cómo podemos estar seguros de que estamos en el lugar adecuado?

Extracto del libro “Perdido”

Por Alex Sampedro

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