A uno que pasaba por allí de vuelta del campo, un tal Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, lo obligaron a llevar la cruz. (Marcos 15:21).

Había fiesta en Jerusalén, pero era un día común en la vida de Simón. Era viernes de tarde, momento en el que los adoradores se preparaban para iniciar el momento más sagrado de la jornada festiva. Era la hora en la que Simón dejaba el trabajo y regresaba del campo a la casa, partí descansar y estar con su familia.

Había fiesta en Jerusalén, pero Simón no estaba participando. Su vida corría por canales diferentes de los de la mayoría del pueblo. La celebración religiosa no lo tocaba; tampoco la historia del Mesías aprisionado. Él no estaba en medio de la turba enloquecida; tampoco era un discípulo del Maestro. Él, simplemente, “pasaba por allí». Pero lo cierto es que, de un modo u otro, termina con la cruz de Cristo en sus hombros, caminando hacia el Gólgota.

Mas tarde o más temprano, todo ser humano se cruza con el Cristo sufriente caminando hacia el Calvario, y debe elegir si lo sigue, cargando su cruz, o si, indiferente lo deja padecer en solitario. La vía dolorosa no es una opción, es tu pimío do encuentro con el Maestro.

Simón tomó la cruz obligado; Cristo la eligió. Él pasó por allí, casi por casualidad, Cristo estaba allí, siendo totalmente consciente de la situación. Él siguió a Jesús; Cristo lo guió hasta el Gólgota.

Cuando te encuentras con el Maestro, siempre tendrás una cruz para cargar. Cuando te dejas guiar por Cristo, él te lleva al Calvario, para que puedas crucificar tu Yo. No hay otra opción. No hay otro destino. Si no quieres la cruz o no quieres subir al monte, no puedes seguir a Jesús.

Simón llega al monte siguiendo las pisadas manchadas de sangre de Cristo. Allí descubre al Salvador del mundo y de su vida. Allí entendió el honor que había tenido. Allí comprendió que haber mostrado compasión por el Maestro y haber sido obligado a llevar su cruz, habían sido un enorme privilegio. Allí decidió servirlo para siempre. ¿Llegaste al Calvario, con tu cruz?

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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