¿De Qué se Trata? Dios ha pensado en ti. Te ha escogido y llamado para realizar una tarea que ha preparado desde antes de la fundación del mundo. No te escapes.

Pasaje Clave: 1º Pedro 5:10.

Qué bueno sería poder decir «Heme aquí» de una forma tan obediente como lo hizo Abraham el día que Dios le pidió que sacrificara a Isaac.

Cuando Dios nos llama para servirle y trabajar en su obra, vienen a nuestra cabeza miles de dudas y miedos; esto es normal debido a que no es fácil aceptar una tarea o responsabilidad. Recordemos a Moisés el día que Dios lo llamo para que libertara al pueblo de Israel. En ese momento él era un pastor de ovejas… imagínense todas las interrogantes que vinieron a su cabeza cuando Dios le dijo que fuera y sacara a Israel de Egipto (¡vaya tarea!).

La obra de Dios es grande y Él, en su infinita misericordia, nos ha escogido para trabajar en ella. En el caso de Moisés, Dios quería liberar al pueblo de Israel (Éxodo 3:7-9). Siempre hay cosas por hacer, ya sea evangelización, ministerio de jóvenes, ministerio de niños, ministerio de alabanza, discipulados, etc.
Es importante saber que Dios no nos escogió porque somos dignos o porque tenemos las cualidades necesarias, sino que por su gracia. El apóstol Pablo, en Hechos 7:35, se refirió a Moisés como alguien «a quien habían rechazado» (Éxodo 2:11-14) y es que recordemos que a lo vil y a lo necio del mundo escogió Dios (1º Corintios 1:26-29).
Una vez que hemos recibido y aceptado el llamado, debemos buscar la dirección de Dios y la llenura del Espíritu Santo, él nos dirá que decir, que hacer y cómo hacerlo, así como lo hizo con Moisés (Éxodo 3:13-18). De esta forma evitaremos hablar basados en nuestros propios conocimientos o en sabiduría humana (1º Corintios 2:12-13), y no tendremos que preocuparnos por no tener facilidad de palabras, elocuencia o la capacidad necesaria para la obra que nos ha sido encomendada (Éxodo 4:10.12). Dios se encargará de prepararnos e instruirnos adecuadamente.
Para terminar, solo me resta desearles lo que el apóstol Pedro le deseo a los destinatarios de su primera epístola (5:10) «… que el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, los perfeccione, afirme, fortalezca y establezca».

Por Cynthia Montes

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