Ahora bien, el mensajero que había ido a llamar a Micaías le advirtió: – Mira, los demás profetas a una voz predicen el éxito del rey. Habla favorable­mente, para que tu mensaje concuerde con el de ellos (1º Reyes 22:13).

¡Esta historia es genial! Tenemos a Acab, el peor rey de Israel. Junto a él, Josafat, un rey bueno de Judá. Un mensajero anónimo, pero muy astuto políticamente. Para completar, un profeta de Dios que lo único que desea es obedecer al Señor. Acab recibe la visita de Josafat y lo invita a ir a la guerra Josafat, compro­metido política y familiarmente con el rey de Israel, acepta; pero coloca una condición: consultemos al Señor.

Cuando la Biblia dice que no nos juntemos en yugo desigual, comúnmente pensamos en el matrimonio con alguna persona que no sea de nuestra religión, No está mal, pero es poco. Normalmente, los consejos de Dios no abarcan un área de nuestra vida, son mucho más profundos. En este caso, abarca tus amistades, tus negocios, tus contactos, tus relaciones.

Frente al pedido de Josafat, Acab manda llamar al «coro de loros» que repetían lo que el impío monarca quería escuchar. Eran tan poco creíbles, que Josafat pide que terminen con la payasada y le traigan a un profeta que hable en nombre de Dios. ¿Sabes? Cuando estás impostando tu religión, cuando tus principios son falsos, cuando tu adoración es una cáscara, se nota. Queda claro para quienes te observan. En el fondo, pasas vergüenza.

Aquí entra en escena Micaías. El mensajero que lo busca le aconseja que lo diga a Acab lo que quiere escuchar. Cuando llega frente a los reyes, Micaías repite irónicamente lo que los demás profetizaron. Ni Acab se lo cree. Inmediatamente, sin sarcasmo, el profeta explica que el ejército del pueblo de Israel será derrotado.

Lo que es poco creíble en esta historia es que, a pesar de la clara advertencia divina, Josafat (quien pidiera la palabra del profeta verdadero) fuera a la guerra con Acab. ¿Para qué le pedimos consejos a Dios, si ya tomamos nuestras decisiones y no las vamos a cambiar?

Micaías fue un profeta solitario que tuvo que decir al rey lo que este no deseaba oír. Pero dijo la verdad. Quizás hoy te toque actuar en alguna situación similar. Quizás tengas que quedarte solo y no serás tan popular. Sin embargo, recuerda que la clave de la felicidad es vivir únicamente obedeciendo a Dios.

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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