Y en seguida envió a un oficial con cincuenta soldados a buscarlo. El oficial fue y encontró a Elías sentado en la cima de un monte. -Hombre de Dios -le dijo- el rey le ordena que baje. (2º Reyes 1:9).

Ocozías tuvo un accidente al caer de una ventana, y envía un grupo de mensajeros a consultar al dios de Ecrón sobre su futuro, El profeta Elías interrumpe el viaje de la comitiva y los hace regresar, avisando que el rey morirá. Ese primer grupo no conoce al hombre de Dios, pero apenas lo describen -solamente la vestimenta- y presentan su informe, Ocozías entiende que es Elías quien habló, y lo manda a prender.

Tres grupos de oficiales son enviados con la misma misión. Los dos primeros fueron -literalmente- consumidos por fuego divino. El tercer contingente actúa de una manera marcadamente diferente, y consigue no solo sobrevivir, sino además llevar al profeta hasta la presencia del rey.

Elías se encontraba en la tranquilidad de la cima del monte. Un lugar así nos acerca a la presencia de Dios. El silencio y la quietud nos permiten escuchar mejor la voz del Señor. Quizá sea por eso que los dos primeros mensajeros, re­presentantes de los poderes del mal, lo primero que le dicen al profeta es “baja”.

Es interesante que ambos comiencen reconociendo a Elías como un hom­bre de Dios. Tus palabras, tu vestimenta, tu forma de actuar, tu posición frente a la vida, tu elección por estar en la cima del monte, cerca de Dios, hace fácil reconocerte como un hombre o una mujer de Dios.

Con el segundo contingente, la orden será más enfática: «Baja inmedia­tamente” (2º R.1:10). La única forma que existe para que el enemigo pueda atraparte, llevarte a sus dominios y rendirte, es haciéndote bajar a su territorio. Mientras estés en la cima del monte, en el territorio de Dios, nadie tiene poder para alcanzarte ni tocarte.

Hoy puedes elegir si vivir en la cima del monte o en el territorio del enemigo. Recuerda que allí arriba difícilmente podrás estar acompañado por mucha gente y que no tendrás las comodidades que el valle te ofrece, pero ese es el territorio de Dios: por lo tanto, es el mejor lugar del mundo para ti y para mí.

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here