El anciano replicó: -También yo soy profeta, como tú. Y un ángel, obede­ciendo a la palabra del Señor, me dijo: «Llévalo a tu casa para que coma pan y beba agua». Así lo engañó (1º Reyes 13:18).

Nada peor que la traición. Los ataques externos son más fáciles de reco­nocer y, por eso, nos conseguimos defender mejor y contrarrestarlos. El fuego amigo, el pelotazo en la espalda, la mentira del compañero, como -normalmente- no los esperamos, nos toma por sorpresa y nos hiere.

Tal es el caso del profeta anónimo de Judá. ¿Qué razón tuvo el viejo profeta de Betel para mentir al colega de Judá? No lo sabemos, pero lo engañó.

El profeta mentiroso dice a su colega que estaba liberado para desobedecer; y él desobedece, feliz. El peor ataque que como iglesia podemos sufrir es el de falsos maestros que dicen hablar de parte de Dios. Para no ser fácilmente alcanzados por la mentira, debemos tener muy en claro la voluntad de Dios para nuestra vida. En el caso del profeta anónimo, él estaba tan dispuesto a pecar que necesariamente tuvo que volver sobre sus pasos, dejar la frontera de su reino de Judá para internarse en el territorio «enemigo» de Israel.

Como el pueblo de Dios, en la frontera de la Tierra Prometida, prefirió volver al desierto. Como tú y como yo, en el límite de la bendición, elegimos regresar al terreno complicado e incierto de la tentación. Queremos jugar con la obediencia, y Dios no acepta ese tipo de distracción.

Si el profeta de Judá no se hubiera quedado «tranquilo» debajo del árbol, nunca habría corrido peligro. Es básico: si te quedas en el territorio de la ten­tación, serás una presa más fácil para el enemigo de Dios. Si te apresuras a llegar a tu verdadero destino, si no te distraes con cosas pasajeras y sin valor, puedes estar más seguro, porque estarás en los brazos protectores del Señor.

Para decirlo de otra forma, el profeta mentiroso lo alcanzó porque el profeta anónimo se dejó alcanzar. El profeta mentiroso fue usado por el padre de la men­tira. Pero eso no significa que haya dejado de ser profeta; solamente nos muestra que tú y yo podemos caer en cualquier momento, sin importar cuál sea nuestra historia religiosa. Tu religión no puede ser -simplemente- algunos recuerdos.

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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