Pasaje clave: Lucas 15:26.

Y llamando a uno de los criados, se quedo esperando donde estaba.
Teniendo la alegría tan cerca prefirió que alguien fuera hacia él. Nada le impedía entrar, solo él mismo y sus propias murallas. No quería experimentar el gozo compartido, solo saber, averiguar, pesquisar.
Porque nosotros somos el mayor impedimento de su amor.
Este hermano mayor seguía teniendo su posición de hijo que vivía en la casa pero no la disfrutaba. Aferrado a sus estándares morales quiere conocer los hechos, pero no vivirlos.
Como aquellos fariseos que no comprenden la celebración de la alegría.
Jesús recibía a los pecadores y comía con ellos, los fariseos podrían haberse sentado a disfrutar, encajaban perfectamente con el perfil de pecadores, pero preferían mantenerse a un lado y solo indagar y acusar.
Perdemos el sentido del gozo, el resultado fi nal de encontrar lo que se pierde, y nuestro corazón amargado se extraña e incomoda cuando la felicidad está cerca, convirtiéndola en nuevos argumentos para la sospecha. Y convertimos así el mundo que nos rodea en un refl ejo de nuestro corazón a oscuras que se ha apagado con los años. Frío, helado, de piedra. Ya no late con ritmo, ya no danza.
Y cuando se acercó uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Se queda al margen, a las puertas, pero no accede. Se convierte en un inquisidor. Prefi ere preguntar y conocer por la experiencia de otro, no se atreve a vivirlo en primera persona. Miedo y dureza.
Nosotros nos mantenemos al margen, averiguamos, preguntamos a otros por su experiencia, pero Dios no quiere que le conozcamos de oídas, sino que nuestrosojos le vean.
No necesitamos experiencias de segunda mano, necesitamos encontrarnos con el amor del padre, directamente.
En nuestro andar diario, como los fariseos, como el hijo pródigo, ajetreados por las tareas del campo, dejamos de experimentar lo que da sentido a nuestro trabajo. Porque no servimos para recibir el amor, sino que nuestro servicio es el fruto natural de sentirnos llenos de su amor. No somos esclavos para servir por obligación, pero somos los que más servimos, porque somos hijos, y el compromiso que tenemos como hijos en el vínculo del amor nos empuja a servirle más allá de nuestras obligaciones.
Pero este hijo y nosotros pronto olvidamos el motor de nuestra vida y la cotidianeidad nos hace perder de vista lo increíble que es estar en casa de Papá Dios, que hemos sido creados para disfrutar de Él y perdernos sólo en su abrazo, para ser encontrados siempre que lo necesitemos.
Sin el abrazo de papá, nos convertimos de manera imperceptible en esclavos de la moralidad, la alegría de servir muta a un deber y la spontaneidad de una relación se sustituye por una monotonía sin emociones.
Porque este hijo mayor aún no es consciente, pero necesita la misma gracia que le fue dada a su hermano pequeño, y a ti.

PARA VOLAR
1. ¿Qué te impide experimentar más gozo de parte de Dios?
Piensa razones externas y también murallas o barreras internas, tuyas, que impiden que el gozo forme parte natural de tu ser.

2. ¿Cómo sirves a Dios y por qué?
¿Cuál es la razón para hacer aquello que haces y qué esperas sacar de ello?
¿Con qué esperanza trabajas para Él?

3. ¿Qué papel tienen las emociones en nuestra relación con Dios?
¿Cómo sientes y experimentas a Dios?

Extracto del libro “Perdido”

Por Alex Sampedro

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