Entre estos jóvenes se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, que eran de Judá, y a los cuales el jefe de oficiales les cambió el nombre: a Daniel lo llamó Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abednego. (Daniel 1:6-7).

¿Cuál es tu nombre? ¿Qué significó ese nombre para ti? En la historia-del profeta Daniel y sus amigos, lo primero que el jefe de los oficiales de Nabucodonosor hizo fue cambiarles el nombre. Más que llamativo, es simbólico. Si pierdes tu nombre, pierdes tu identidad. ¿Entiendes por qué es tan importante que comprendas todo lo que significa que te llames «cristiano»?

La historia de Daniel es la de un hombre perfecto, sin la mención -ni siquie­ra- de un solo pecado en todo el relato bíblico. Podrás decirme que su vida fue así porque él era profeta; yo te respondo que su vida fue así porque él oraba mucho antes de ser profeta.

No fue la responsabilidad que Dios le entregó lo que hizo que comenzara a orar. Me animo a decir que fue exactamente al contrario. Mientras no oremos como Daniel oró, no podemos suponer que viviremos como él vivió.

Aunque él estaba en una tierra extraña, lejos de su casa, de su familia, de las autoridades religiosas de su pueblo, aunque todos sus conocidos (menos tres) habían dejado de lado sus costumbres y creencias, el futuro profeta Daniel decidió que le podrían cambiar el nombre, pero no sus principios.

Desde esa perspectiva, debemos entender el pedido que hizo con respecto a la comida: no era meramente una cuestión de comida limpia o inmunda, en la situación, había una profunda cuestión espiritual.

El nombre Daniel significa «Dios es mi juez», mientras que el nombre que le impusieron sus captores fue Beltsasar, cuyos significados, dicen los estudiosos, giran en torno a la idea de «que Bel proteja al rey»: entendiendo que Bel es el nombre acadio de Baal.

Daniel no tenía autoridad para prohibir que le alteraran su nombre, pero él anula el control para no permitir que esa situación modificase sus principios.

Cuando lleguemos al cielo, Dios nos cambiará el nombre. Él nos dará una piedrita blanca en la que estará escrita nuestra identificación celestial. Para podar recibirla, necesitamos, como Daniel en Babilonia, mantenernos fieles al Nombre do Jesús mientras peregrinemos por esta tierra.

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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