-¡Que así sea! -Le respondió Benaía hijo de Joiada- ¡Que así lo con­firme el Señor, Dios de Su Majestad! Que así como el Señor estuvo con Su Majestad, esté también con Salomón; ¡y que engrandezca su trono aún más que el trono de mi señor el rey David! (1º Reyes 1:36-37).

Cuando Adonías organiza su banquete de celebración, prudentemente no lo invita. Sabía que este soldado no lo apoyaba en su intento de robar el trono. ¿Será que las personas que te conocen saben exac­tamente de qué lado estás?

Me hace acordar al relato de aquel muchacho que tuvo que ir, durante una semana, a un trabajo de campo en la universidad. Al regresar, la familia, preocu­pada, le preguntó si había enfrentado muchos problemas por sus creencias religiosas. La respuesta fue: «Ninguno. Ni cuenta se dieron de que era cristiano”.

Benaía apoyará el reinado de Salomón, no porque crea que este hijo es mejor o esté más preparado que Adonías, sino porque es el indicado por Dios. Respeta y ejecuta las órdenes, porque entiende que reflejan el ideal celestial para aquel momento de la historia del pueblo. No importa si forma parte de la mayoría o de la minoría, él está del lado del que obedece las órdenes divinas. No le interesa de qué lado quedaron sus amigos, sus mayores, sus líderes; únicamente quiere saber dónde está el grupo que intenta someterse a la auto­ridad del Creador.

Muchos se esconden en la comodidad del anonimato. Se camuflan en las circunstancias. Se mueven en la dirección, a la velocidad y al ritmo de quienes lo rodean. Por eso, no es difícil encontrarlos en la iglesia diciendo «Amén», cantando y respondiendo a los llamados. Son religiosos entre los religiosos. El problema es que también son irrespetuosos entre los irrespetuosos, mal hablados entre los mal hablados e inmorales entre los inmorales. Para ellos, la religión no es una cuestión de principios, sino de una circunstancia. ¿Consigues darte cuenta lo que con esa actitud avergüenzas a tu Dios?

Benaía no tenía este problema, los hombres y las mujeres leales ayudan a que el mundo sea un lugar más transparente, mejor para vivir y convivir. Con gente fiel y leal, sabemos dónde estamos pisando y no tenemos sorpresas desagradables. Sabemos lo que podemos esperar de ellos y lo que no conseguiremos nunca. Cristo era así. ¿No sería bueno imitarlo?

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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