Luego, mientras celebraba los sacrificios, Absalón mandó llamar a un consejero de su padre David, el cual se llamaba Ahitofel y era del pueblo de Gilo. Así la conspiración fue tomando fuerza, y el número de los que seguían a Absalón crecía más y más. (2º Samuel 15:12).

Cuando Absalón lo manda llamar, todo Indica que no lo dudó ni un ins­tante. Salió rápidamente del palacio real para unirse a la conspiración. Él, que había sido un consejero principal de David, se transforma en el inspirador, asesor y gula del rebelde. ¿Traición? Sí, pero, además, venganza.

Para entender la reacción de Ahitofel frente a la conspiración contra David, hay que recordar que él era el abuelo de Betsabé. Podrían haber pasado varios años desde aquel triste episodio en la vida del rey, pero Ahitofel no lo había olvidado. Podría haberle dado muchos y muy valiosos consejos durante todo ese tiempo, pero en el fondo del corazón lo único que esperaba era una chance para vengar el honor de su familia. Para algunos de nosotros, perdonar es un verbo que no sabemos conjugar.

Dos malas noticias llegan a oídos de David: Absalón reina en Hebrón y Ahi­tofel está con él. Entre los varios consejos militares, políticos y de demostración de autoridad que este último da al hijo rebelde, está el que se acueste con las diez concubinas que David había dejado en el palacio. Algunos creen que el lugar de la orgía pública de Absalón fue elegido específicamente por Ahitofel: la misma terraza del palacio desde la que David, años antes, había visto a Betsabé.

El consejo de Ahitofel era escuchado, tanto por David como por Absalón, como si fuera la voz de Dios; pero, en realidad, este hombre no tenía la verdadera sabiduría, ni temía a Jehová.

De cualquier manera, su último consejo no fue escuchado La palabra de Husai, otro consejero de David que se había infiltrado en las filas rebeldes, fue la obedecida; lo que dio tiempo al rey para reorganizar su ejército y tener alternativas para derrotar a los conspiradores. Cuando Ahitofel se enteró de la situación, fue y se ahorcó.

La sabiduría humana, por más pergaminos que tenga y por más aplausos que reciba, tiene poco valor si no respeta el consejo divino. El enemigo de Dios puede seducirnos con ideas; que en su momento nos pueden parecer brillantes, pero su fin es camino de muerte. No lo olvidos.

Extracto del libro 365 Vidas

Por Milton Bentancor

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