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Sexo y sexualidad – EDUCACIÓN SEXUAL 1

Sexo y sexualidad - EDUCACIÓN SEXUAL 1

La educación sexual nos enseña cómo hacerlo; no cómo no hacerlo”

Lo que los dos primeros estudiantes nos dicen aquí, nos pro­vee una reveladora introducción a todo el tema de la educación sexual.

A medida que la sociedad cambia, y la tecnología mé­dica avanza, se nos hace cada vez más difícil decir no, cuando surge la tentación al sexo prematrimonial. Las ra­zones que tuvieron buen efecto para mis padres y abuelos, han sido gradualmente eliminadas.

Muchas escuelas han instituido programas de educación sexual. La información que dan, ayuda a aclarar concep­tos equivocados que los jóvenes tienen, pero también, no intencionadamente, empujan a la experimentación. Los chicos reciben toda la información correcta, y todo lo que queda por hacer es ponerlo en práctica.

En un sentido, las escuelas públicas promueven el sexo prematrimonial. En el estado de Alabama requieren de un alumno de escuela pública que tome un semestre sobre Salud, para que le permitan graduarse. Una parte de este curso sobre salud es educación sexual. El curso es dado en una base coeducacional. Es decir que chicas y mucha­chos están juntos en la misma clase. Nadie quiere hacer preguntas con una persona del sexo opuesto sentada al la­do . Algunos maestros permiten tomar el curso separada­mente, si se desea. Sin embargo, si algún estudiante es­coge esto, es objeto de burlas y ridiculizado. Por lo tanto

la mayoría de los estudiantes terminan tomando el curso juntos. Ningún valor moral se enseña en estos cursos, só­lo los hechos acerca del sexo y el control de la natalidad.

Si un adolescente decide tener relaciones sexuales, tiene muchas opciones: pildoras para control de la natalidad, aborto, adopción, y más. ¿Y sabe usted quién le da a los jóvenes esa opción? Los padres y los maestros de “edu­cación sexual.” Si no hubiera manera de asegurar a las chicas que no van a quedar embarazadas, yo pienso que no habría tantos adolescentes participando en sexo.

El problema es que ellos nos enseñan cómo no tener un bebé, no que no debemos tener relaciones sexuales.

Una vez estaba escuchando una clase de educación se­xual, y la maestra dijo — “Hay una sola manera segura de no quedar embarazada, y es no tener sexo. Pero esto no es muy práctico.” Tanto como a mí me concierne, es­to es bien práctico, porque ella se estaba dirigiendo a es­tudiantes del primero y segundo año de la secundaria.

Las escuelas casi están diciendo que es correcto tener relaciones sexuales al dar clases que le dicen a usted to­das las maneras de tener sexo sin meterse en problemas.

Uno de los factores que contribuyen a que los adoles­centes y los jóvenes se envuelvan en inmoralidad sexual antes del matrimonio es la curiosidad. Durante toda su vida se les ha dicho que es inmoral tener relaciones antes del matrimonio. En consecuencia, ellos buscan de una ma­nera inocente, conocer más acerca del sexo. Y así hablan a los amigos, leen pornografía, ven películas y llenan su mente con todas esas cosas hasta el punto en que sus mentes están obsesionadas. Como adolescentes cristianos criados en un hogar cristiano, se les ha dicho que eso es malo. Y eso ha sido todo. Ellos necesitan algo más que eso; que se les diga por qué es malo, y cómo usar la Palabra de Dios para combatir esas tentaciones. A muchos adoles­centes sólo se les ha dicho, en el hogar y en la escuela, que lean la Biblia, obedezcan a los padres y ancianos y hagan lo que es correcto.

”Pero necesitamos educación sexual…”

Los medios de comunicación de nuestra cultura exigen que a los jóvenes se les hable de sexo desde muy temprana edad. Lo ideal es que toda información acerca de sexo y sentimien­tos se dé principalmente en el hogar. El hogar es el mejor lu­gar para discutir no sólo los aspectos mecánicos o biológicos del sexo, sino también sus dimensiones morales, éticas y espirituales.

El temor de dar educación sexual en las escuelas, como se dice en muchos escritos, se basa en el hecho de que sus manos están atadas cuando quieren enseñar una moralidad positiva que cubran los aspectos éticos y espirituales del sexo.

El Dr. Edgar S. Woody escribe acerca del dilema de la edu­cación sexual en Journal of the Medical Association of Georgia, lo que sigue:

‘ ‘La filosofía sobre la cual se basan esos programas (de edu­cación sexual) afirma que ellos no pueden hacer juicios de va­lor ético o moral respecto a lo correcto o incorrecto de las rela­ciones sexuales. No estoy de acuerdo. Yo digo que a menos que ellos lo hagan, y hasta que lo hagan, estarán dañando a la gente que quieren ayudar. Los adolescentes no necesitan tanta ayuda en cuanto a cómo tener relaciones sexuales, tanto como la necesitan para formar su propio código de valores morales.

Con la situación como está ahora, los adolescentes tienen po­ca, si es que tienen alguna, ayuda moral para abstenerse del sexo. No culpemos a los tiempos o a la sociedad mientras sosla­yamos nuestra propia responsabilidad en establecer líneas de conducta para el comportamiento sexual de nuestros hijos. De­bemos tomar una posición, aunque no sea popular y no esté de acuerdo con los tiempos. Me estremece pensar en cómo serán las futuras generaciones si nosotros fallamos en hacer esto. Si fracasamos en enseñar a nuestros jóvenes un código de valo­res, ¿qué podrán enseñar ellos a sus propios hijos?” (1)

La magnitud del dilema de la educación sexual en las escuelas puede verse en el impresionante número de adolescentes em­barazadas. Este año (1987) habrá un millón cien mil chicas em­barazadas, y el 50 por ciento de esos embarazos terminará en aborto. La rápida trasmisión de enfermedades venéreas es otro aspecto en el cual hay una desesperante necesidad de educa­ción sexual, sensible y completa.

Extracto del libro “Lo Que Deseo Que Mis Padres Sepan Acerca de mi Sexualidad”.

Por Josh McDowell.

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