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Para Líderes – LAS BARRERAS MÁS COMUNES

Para Líderes - LAS BARRERAS MÁS COMUNES

Barreras relacionadas con la estructura

En algunas ocasiones, como líder, te encontrarás con barreras que se relacionan con la propia estructura eclesial en la que trabajas. No siempre el liderazgo entenderá tu visión. Puede ser que a veces no te apoyen, aunque tampoco dificulten tu deseo de llevar a cabo una pastoral juvenil en vez de seguir con las actividades juveniles de siempre. Pero también puede darse el caso de que el liderazgo adulto de la iglesia no apruebe tu visión y siga insistiendo en que «hagas-las-cosas-como-siempre-se-han-hecho».

O es posible que te encuentres con una estructura de trabajo juvenil muy rígida, muy poco fexible. En ocasiones, según la denominación a la que pertenezcas, toda la estructura de trabajo con la juventud ya estará diseñada y será la misma para todas las iglesias. Puede resultarte bastante difícil intentar aplicar un ministerio de pastoral juvenil con los cuatro acercamientos educativos dentro una estructura carente de flexibilidad. Hay situaciones en que incluso los contenidos de los programas y los materiales son predeterminados por la denominación y el trabajo del líder consiste en ser un mero administrador.

Barreras relacionadas con los jóvenes

Otras barreras pueden venir de parte de los mismos jóvenes. En ocasiones descubrirás que les falta la suficiente motivación como para llevar a cabo tus propuestas. Puede darse el caso de que su desmotivación no sólo esté relacionada con su compromiso y participación en las actividades sino que se extienda incluso hasta una propia dejadez en cuanto a cultivar su vida espiritual.

La falta de compromiso, barrera relacionada con la anterior pero diferente, es otra de las luchas que vamos a tener que enfrentar cuando intentemos llevar a cabo la pastoral juvenil. Será habitual encontrarnos con jóvenes que no están dispuestos a pagar el precio que exige buscar la madurez en Cristo. Su situación personal, sea la que fuere, les satisface y no sienten ni deseos, ni necesidad de cambio.

Barreras relacionadas con tus propias carencias

Otra clase de barreras está ligada a tus propias limitaciones. En ocasiones te faltarán planes para llevar a cabo tus propósitos. Es posible que tengas muy en claro tu propósito. Sin embargo, si careces de una buena estrategia, es bastante probable que no llegues a alcanzarlo. Recuerda que saber a dónde vas no es lo único que necesitas; también resulta tremendamente importante saber cómo llegarás, cuánto tiempo te tomará hacerlo, con qué recursos humanos y materiales precisas contar, y cosas como esas. El arte de planificar es algo que se puede y se debe aprender.

Vas a encontrar limitacones tanto de tiempo como de recursos. Esperamos que ya hayas llegado a la conclusión de que la pastoral juvenil tiene que ver con mucho más que simplemente organizar una reunión de jóvenes el viernes o el sábado por la tarde. Habrás notado que el trabajo educativo exige una gran cantidad de recursos humanos: líderes de grupos pequeños, mentores, coordinadores del grupo grande y de actividades de tiempo concentrado. Tú no puedes llevar a cabo todo el trabajo por ti mismo. Vas a necesitar un equipo y, en ocasiones, eso constituirá una barrera porque careces de él.

Otra barrera puede ser tu propia formación personal. Un líder no necesita que pase mucho tiempo para darse cuenta de que precisa una mejor formación. No tenemos todo el conocimiento; no dominamos todas las técnicas; no hemos encontrado todas las respuestas. Demasiado a menudo descubrimos que la carga resulta excesivamente pesada para nuestras pobres espaldas y nos sentimos incapaces de llevarla. Pero recuerda siempre que el proceso educativo propio es algo que dura toda la vida.

Tu pecado puede constituir otra de las barreras con la que tengas que lidiar. El pecado interfiere tu comunión con el Señor y, si persistes en no confesarlo, notarás que poco a poco vas perdiendo tu sensibilidad y discernimiento espiritual. Cuando eso sucede, ya no puedes juzgar ni valorar tus propias necesidades espirituales y, naturalmente, tampoco las de aquellos a los que se supone que debes ministrar.

Extracto del libro “Raíces”.

Por Félix Ortiz.

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