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Para Líderes – ENFOCARSE EN LA LUCHA ESPIRITUAL

Para Líderes - ENFOCARSE EN LA LUCHA ESPIRITUAL

La vida de los adolescentes tiende a ser dominada por la preocupación por el mundo que puede ser visto, tocado y saboreado. Se inquietan hasta las lágrimas por cómo se ven. Anhelan ser aceptados por sus coetáneos. Guardan sus cosas celosamente. Hablan en términos dramáticos acerca de lo que les parece bello o es atractivo para ellos. Se desmoronan cuando alguien hace burla de su ropa. Se angustian con tan solo pensar en un posible rechazo. Los adolescente tienden a ser intensamente materialistas, es decir, se enfocan en el mundo físico.

A menudo les parece irreal el mundo espiritual que es invisible y más importante. Los adolescentes tienden a creer dos mentiras mortales. La primera es que el mundo material es más real que el espiritual. No es de sorprenderse que la felicidad presente, física y personal parezca más importante que la bendición eterna. Segundo, tienden a creer en la permanencia del mundo físico. No les parece que es pasajero. Les parece que siempre está allí y les parece que está en dondequiera que van.

Qué diferente es esto de la perspectiva bíblica. Asaf, en el salmo 73, dice que la prosperidad del malo es como un sueño. ¡Qué análisis tan poderoso! Un sueño parece ser real, sin embargo no lo es. Termina en el momento en que el cuerpo despierta. Los bienes terrenales que una persona adquiere son pasajeros inclusive cuando se les está colectando. El mundo físico está destinado a perecer.

En 2 Corintios 4:16-18, Pablo lo dice de esta manera:

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.

Pablo está interesado en lo que no se ve. Está enfocado en lo espiritual. No está invirtiéndose a si mismo en el mundo material y físico. ¿Por qué? Simplemente porque es temporal. Cristo dijo, “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mat. 16:26). Juan nos advierte en su primera epístola a no amar al mundo ni nada que esté en el mundo (1 Juan 2:15). Este tema está por todas partes en la Escritura. El sabio vive por lo que no se puede ver. El necio vive para construir otro granero para almacenar lo que perece y es inútil en el mundo venidero. El sabio anhela la bendición espiritual, el necio desea la recompensa física. El sabio mira hacia la eternidad, el necio vive para el momento.

Los adolescentes, no sólo tienden a vivir con un enfoque en lo físico, minimizando o pasando por alto la importancia del mundo espiritual, sino también tienden vivir con una mentalidad de tiempos de paz. En tiempos de paz, la gente se entrega a los lujos, diversión y placer. Se enfocan en sus deseos y anhelos. Sin embargo, en los tiempos de guerra, la gente vive con otro enfoque. La fábrica que produce sistemas de sonido de lujo se convierte para producir equipo electrónico para la batalla. La línea de ensamble que producía automóviles de lujo comienza a producir tanques de guerra. Los jóvenes van a un entrenamiento militar en vez de ir a la escuela. La guerra demanda que se enfoquen no sólo de los soldados profesionales, sino también de la sociedad entera.

Aquí está el punto. La Escritura dice que la ¡vida es una guerra! Como le he dicho muchas veces a mis hijos, “Hay una guerra allí afuera. Se está peleando en el territorio de tu corazón. El motivo es el control de tu corazón. Cada situación que enfrentas hoy es una escaramuza en la guerra. Ten cuidado, se consciente de la guerra. No olvides que hay un enemigo astuto quien está afuera para engañar, dividir y destruir. Ve afuera sabiendo que para ganar debes luchar. No te debes relajar, no te debes olvidar de esto”. No es posible exagerar en decirle esto a nuestros adolescentes (o a nosotros mismos).

La gente sabia, madura y piadosa vive consciente de lo espiritual; lo ven en cada situación de la vida. Nunca ven la vida “debajo de sol” (ver Eclesiastés). Ven las implicaciones espirituales en todo lo que hacen, en cada situación en la que se encuentran. Esto es lo que debemos tener el propósito de producir en nuestros adolescentes. Para lograrlo nosotros mismos debemos tener una mentalidad espiritual. Debemos vivir conscientes de la guerra.

Hay dos cosas que evitan que enseñemos a nuestros hijos a enfrentar y pelear en la lucha espiritual. Primero, tenemos una tendencia a estar más preocupados por el mundo de lo que se ve que por lo que no se ve, especialmente cuando se trata de nuestros adolescentes. Nos enojamos más porque hayan perdido su trabajo y por cómo esto afectara su estudios futuros que por los asuntos espirituales internos que Dios está revelando en ese momento.

Nos preocupamos más por las calificaciones bajas en la boleta que por lo que esas calificaciones revelan de la condición espiritual de nuestro hijo. Nos enojamos porque el cuarto es un desorden caótico de ropa sucia, y no vemos el corazón que está detrás del desorden. Nos enojamos por la abolladura en el carro y nos alborotamos mucho más por el daño físico que por el daño espiritual que puede estar ocurriendo al mismo tiempo en la vida del adolescente. Le decimos que su ropa se ve ridícula, o nos quejamos de que haya tomado la última leche, y que su música nos vuelve locos, todo esto mientras pasamos por alto lo que realmente es de importancia eterna.

Debido a esto, no aprovechamos las oportunidades diarias para recordar a nuestros adolescentes acerca de la lucha espiritual presente en cada situación de este mundo caído. Si es que vamos a producir adolescentes que estén involucrados en la lucha espiritual, necesitamos comenzar preguntándonos qué es realmente importante para nosotros. Por las cosas que nos preocupan y la manera como resolvemos los problemas, ¿Estamos demostrando lo opuesto de lo que profesamos creer? ¿Son consistentes nuestras vidas con lo que decimos que queremos producir en nuestros adolescentes?

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