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Para Líderes – EL PROPÓSITO: LOS MEDIOS QUE NECESITAMOS

Para Líderes - EL PROPÓSITO: LOS MEDIOS QUE NECESITAMOS

El propósito nos ayuda a determinar los medios que necesitamos

Una frase que ha sido motivo de discusiones y disquisiciones filosóficas durante siglos, es aquella que afirma que «el fin siempre justifica los medios». Esa premisa resulta difícilmente aceptable desde un punto de vista moral y ético para nosotros los creyentes en Cristo. Sabemos que el Señor no solo está interesado en las cosas que conseguimos, sino que también lo está en los medios que utilizamos para lograrlas. Ignorando esa verdad, la iglesia cristiana ha cometido grandes barbaridades a lo largo de los siglos.

Utilicemos un ejemplo histórico para poder ilustrarlo. Es bastante probable hayas oído hablar de la tristemente célebre Inquisición Española. Comenzando en el siglo XV, y hasta durante el mismísimo siglo XIX, la Santa Inquisición se dedicó al «loable fin» de conseguir la pureza de la fe católica en España. Sin embargo, los medios que para ello se utilizaron fueron terribles. Se perseguía, torturaba y ejecutaba a todas las personas sospechosas de ser herejes. El método para obtener la confesión de culpabilidad era la tortura más espantosa. De ese modo, muchos judíos, protestantes, y personas comunes que eran denunciadas por venganza, envidia u otros motivos, murieron quemados vivos. El fin podía ser digno: mantener la pureza de la fe. Los medios fueron infames, indignos, totalmente injustificables.

Desde un punto de vista cristiano debe haber una adecuación moral entre los medios y los fines que deseamos conseguir; no podemos obtener buenos fines usando malos medios. Pero si lo anterior es cierto, también es verdad que el fin siempre determina los medios que tendremos que usar. Piensa por un momento en esta frase y las implicaciones que tiene. Los fines que desees obtener no justificarán los medios que emplees, pero sí los condicionarán y determinarán totalmente. No todos los medios sirven ni resultan apropiados para lograr los fines que deseamos alcanzar.

Apliquemos eso al trabajo con los jóvenes en la iglesia local. Si careces de un propósito último para tu trabajo con la juventud, ¿cómo podrás determinar cuáles son los medios más adecuados para llevarlo a cabo? Sin embargo, cuando tienes un propósito último, puedes determinar los medios que necesitarás para llevarlo a cabo. A la luz del fin se pueden determinar los medios.

Algunos medios educativos te resultarán útiles para la consecución de tu propósito. Otros serán neutros, es decir, ni te ayudarán ni te estorbarán. Pero algunos pueden llegar a ser un auténtico obstáculo o impedimento. Puede darse el caso de que estés utilizando medios que, lejos de ser beneficiosos para tu grupo, lo estén perjudicando. Pero no conseguirás valorar la utilidad de los medios, ni determinar cuáles son las actividades y acciones educativas más adecuadas para el logro de tus fines, cuando careces de un propósito último. Además, como ya hemos indicado anteriormente, cuando se carece de un fin, los medios se convierten en fines en sí mismos.

Permítannos introducir una ilustración que usaremos varias veces con este material. Estamos seguros de que has visto la famosa película Titanic. ¿Recuerdas aquella escena en la que Leonardo DiCaprio, el protagonista, elegantemente vestido, baja por la maravillosa escalera del barco hacia el comedor principal? ¿La recuerdas? Una vez allí se encuentra ante una mesa preciosamente engalanada. A ambos lados y en la parte superior de su plato se hallan diferentes cubiertos: cucharas de sopa, café y helado; tenedores de carne, postre y pescado; cuchillos para el postre, el pescado y la carne.

Probablemente si has asistido a algún banquete te habrás encontrado en una situación similar a la de nuestro héroe. ¿Para qué sirven y cómo utilizar tantos utensilios? Pero si lo piensas bien, cada utensilio ha sido diseñado con un propósito muy definido. De hecho, nosotros elegimos los cubiertos en función del tipo de alimento que hemos de consumir. El fin (lo que queremos comer) determina los medios (los distintos utensilios que usaremos). Prueba comerte un buen trozo de carne de varios centímetros de grosor y poco cocida con tu cucharilla de postre. Intenta comer la sopa con el cuchillo. Trata de pelar una manzana o cualquier otra fruta con tu cuchara sopera.

Esta ilustración nos permite ver con claridad que el fin siempre determina los medios. Para cada fin existe un medio que es el más apropiado y práctico. En algunos casos es posible intercambiar medios y fines, por ejemplo, puedes comerte la sopa con la cucharilla del café. Tardarás mucho más, será menos eficaz, pero finalmente lo lograrás. En otros casos te será imposible conseguir el fin sin utilizar el medio adecuado.

Recuerda que eso mismo se aplica a tu trabajo con la juventud de tu iglesia. Necesitas un propósito último, definido con toda claridad, para poder determinar cuáles son los medios que mayor ayuda y utilidad te pueden prestar al intentar lograrlo.

Extractos del libro “Raíces”.

Por Félix Ortiz.

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