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Para Líderes – CAMBIO DE PARADIGMAS Nº 5 y 6

Para Líderes - CAMBIO DE PARADIGMAS Nº 5 y 6

Paradigma Número 5: “Para ganar a esos jóvenes tengo que hacerme como ellos”.

No necesariamente. Los líderes juveniles que están trabajando con éxito en alcanzar a jóvenes de distintas subculturas dicen a una que eso es un gran mito (en el próximo capítulo verás más de sus opiniones y experiencias). Pero lo cierto es que el tema tiene sus aristas. La pregunta es ¿hasta dónde debe llegar la identificación transcultural para ser más efectivos en nuestra labor?

Algunos sostienen que hasta cierto punto, y dependiendo del grado de involucramiento en la misión será el grado de identificación en áreas como música, vestimenta, lenguaje, etc. Pero no es una condición sine qua non para ganar a alguien para el Señor.

La otra vez escuchaba un testimonio de una pastora de unos cincuenta años de edad, que se encontró con un chico dark en un almacén. Él estaba con todo su atuendo característico, vestido de negro, con varios piercings y sus ojos pintados con delineador, etc. En el comercio, el almacenero le habló muy mal al joven, con desprecio y con un tono de frialdad. Al salir de allí la pastora, movida a misericordia y compasión, detuvo al chico y le pidió disculpas en nombre de los adultos por discriminarlo por su apariencia. Luego le pidió permiso para darle un abrazo—aunque nunca se habían visto antes—como si fuera su madre. El chico aceptó y se dejó abrazar y bendecir por aquella mujer de un trasfondo tan diferente al suyo. Desde ese día, ella se convirtió en su consejera y amiga y lo llevó a los pies del Señor.

Esto prueba que el elemento vital en la conversión de las personas a Cristo, es el amor: contra él no hay armas que valgan. Otra cosa a tener en cuenta es la falta de estructuras y prejuicios; uno se puede vestir muy moderno y ser muy prejuicioso o andar un poco anticuado y ser libre en su espíritu.

Pero por otra parte, están quienes sienten un llamado específico—no ocasional como en el caso anterior—a una subcultura. Es mi opinión que ellos sí debieran identificarse con la subcultura que desean ganar, no solo en sus rasgos o apariencias sino también en otros aspectos. En los Estados Unidos sobre todo, sé de pastores y líderes juveniles que se tatúan, se visten como darks o como heavy metals sin ningún problema, pero no en todos los trasfondos culturales eso resulta tan sencillo.

Hace poco una chica de una iglesia me hablaba de un líder misionero al campo juvenil. Ella decía: “Víctor, tiene piercings y aros expansores, con la imagen que tiene atrae gente; a él le sirve, es como un movimiento callejero. Yo le digo ‘¿qué te pusiste ahora?’ y él me dice ‘sshh, estoy trabajando’”.

Pablo decía que a los griegos se hacía griego y a los judíos, judío; “Me hice todo para todos a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles” (1 Corintios 9:22). Aunque era libre, guardaba la Ley para ganar a los judíos. Cuando se relacionaba con los gentiles, enfatizaba la gracia para no ponerles carga. Él se hacía a la manera de ellos y no al revés, pero lo que determinaba el tipo de conducta era el factor cultural del grupo al que se dirigía.

¿Pero cómo podemos hacer esto y guardar el equilibrio entre lo que está bien y lo que está mal? La pregunta es: ¿hasta dónde vale esta identificación?

Como regla general debiéramos decir que es válido adoptar semblanzas siempre y cuando no nos den una apariencia de maldad o no contradigan el mensaje que estamos dando por otro lado. En mi opinión personal creo que un misionero juvenil no debiera llegar al punto de afilarse los dientes, cortarse la lengua para que quede viperina, ponerse ganchos debajo de la piel para suspenderse, mostrar una imagen demasiado agresiva o nefasta, sucia o descuidada. Las cristianas han de vestirse de acuerdo al estilo de quienes pretenden alcanzar, pero sin la provocación sensual de las que no tienen a Cristo.

Por otro lado, en su hablar, si bien pueden intercalarse términos o códigos subculturales “de onda”, nunca debieran escucharse insultos, maledicencia ni ningún otro tipo de hablar que dañe a los demás, como críticas y divulgaciones. El recipiente, en este caso el misionero, tiene que estar a tono con el mensaje, el contenido.

Extracto del libro “Tribus Urbanas”

Por María J. Hooft

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