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Para Líderes – AUSENCIA DE METAS Y PERSONAS PARA EL MINISTERIO

Para Líderes - AUSENCIA DE METAS Y PERSONAS PARA EL MINISTERIO

Ausencia de metas, desafíos y delegación de responsabilidades

Hay congregaciones en las que a los jóvenes nunca se les concede asumir responsabilidades significativas. Se produce un triste círculo vicioso: los jóvenes no son, a juicio de los adultos, lo suficientemente maduros como para delegarles responsabilidades. Pero nadie crece a menos que se le permita asumir responsabilidad, lo que incluye la posibilidad implícita de fallar.

El crecimiento exige asumir responsabilidades. Y para que estas responsabilidades generen crecimiento, han de ser significativas, importantes. Han de implicar un auténtico reto para el joven, al exigirle dar lo mejor de sí mismo. Lo llevarán a una dependencia del Señor. Para que un joven pueda crecer debe tener acceso a aquellas responsabilidades que son consideradas por él mismo, y por el resto de la congregación, como importantes y significativas. Se da el caso, en ocasiones, de que lo único que les delegamos a los jóvenes es aquello que los adultos por diferentes razones o motivaciones no queremos hacer, o no consideramos lo suficientemente importante para nuestro nivel.

¡Cuidado! No estamos diciendo que debemos empezar por darle a un joven la presidencia del consejo de diáconos para que desarrolle responsabilidad. Es necesario, naturalmente, comenzar con responsabilidades sencillas. Lo que cuestionábamos en el punto anterior no era la importancia de las responsabilidades, sino el hecho de que estas no fueran delegadas con la finalidad de contribuir a la formación del joven sino únicamente para liberarnos a nosotros mismos de un trabajo desagradable.

Debemos delegar responsabilidades que impliquen un desafío para el joven. Al hacerlo, tenemos que proveerle la supervisión necesaria y el apoyo imprescindible para que pueda crecer por medio del desempeño de su tarea. No olvidemos que, en ocasiones, el fracaso del joven en llevar a cabo la responsabilidad delegada no es consecuencia de su irresponsabilidad, sino más bien de nuestra falta de supervisión.

Ausencia de personas preparadas para el trabajo con jóvenes

Durante mucho tiempo la disponibilidad y la buena voluntad han sido, si no las únicas, al menos las principales exigencias para trabajar con los jóvenes. El muchacho o la muchacha que mejor apuntaban, recibía la carga y la responsabilidad de asumir la dirección del grupo de jóvenes de la iglesia local. Sin embargo, todos sabemos que ni la buena voluntad ni la disponibilidad implican necesariamente tener la capacidad para llevar a cabo la tarea encomendada.

Otro sistema de selección del liderazgo juvenil, común en algunas denominaciones, ha sido la elección para desempeñar un cargo durante un periodo determinado. La esencia de este método es buena. Intenta que el mayor número posible de personas pueda ejercer una función responsable y de ese modo desarrollar sus dones y talentos. En la práctica, con demasiada frecuencia, el sistema no ha funcionado de forma tan eficaz. Elección no implica capacidad para la ejecución. El hecho de que la mayoría de los jóvenes de un grupo depositen en ti la confianza para asumir una determinada responsabilidad no implica, ni de lejos, que seas una persona capaz de desempeñarla.

Por otra parte, a los dos problemas antes mencionados, hemos de agregar el de la falta de capacitación de los líderes. Es habitual que la persona que recibe una responsabilidad, sea por el medio que fuere, no reciba la capacitación para poder llevar a cabo su tarea. Una encuesta realizada recientemente en dos congresos juveniles internacionales reflejó que, en su mayoría, los líderes juveniles no habían recibido ningún tipo de capacitación, ni formal ni informal, que les permitiera llevar a cabo su tarea con eficacia. La palmadita en la espalda es, para muchos líderes, lo único que reciben cuando se les delega responsabilidad.

A la carencia de capacitación deberíamos añadir la carencia de recursos, de una filosofía del ministerio e incluso de materiales adecuados para trabajar con la juventud. A pesar de todas las carencias hasta aquí mencionadas, lamentablemente, a muchos líderes se los hace responsables de que los jóvenes de la comunidad salgan adelante en lo espiritual.

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