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Para Líderes – AMARLOS Y ACEPTARLOS INCONDICIONALMENTE

Para Líderes - AMARLOS Y ACEPTARLOS INCONDICIONALMENTE

Amar y aceptar incondicionalmente a todos y cada uno de los jóvenes de nuestro grupo

Al escribir estas líneas, todavía Félix tiene en mente una conversación telefónica mantenida recientemente con un joven. Él llamó para comunicarle que se bautizaría en breve y que estaba bien encaminado en lo que hacía a acabar su educación secundaria. Además, había encontrado un trabajo en el que se desempeñaría mientras terminaba sus estudios.

Al acabar esa conversación, pasaron por la mente de Félix las «aventuras» vividas junto e aquel joven: desde las llamadas telefónicas de otros líderes pidiéndole que no lo aceptara en sus actividades, hasta la ocasión en que Félix tuvo que expulsarlo de un campamento por su comportamiento inadecuado. Pero también recordaba haberle dicho, sentados juntos en una cafetería, que a pesar de haberlo echado del campamento estaba contento de que estuviera allí y que quería seguir viéndolo. Félix recuerda que muchos viernes aquel muchacho comió en su casa y que compartieron la Palabra de Dios.

¿Qué produjo el cambio en la vida del ese muchacho? Sin duda, en primer lugar, el Espíritu Santo de Dios que actuó de forma sobrenatural en su vida. Pero también el amor y la aceptación incondicional que siempre se le demostró a pesar de su conducta o sus actitudes. Nunca se le insinuó siquiera la idea de que fuera un caso perdido, de que no había nada que hacer con él, de que había que abandonar toda esperanza.

Dice la Biblia que «el amor perfecto echa fuera el temor» (1 Juan 4:18). Cuando existe un ambiente en el que el joven puede sentirse amado y aceptado incondicionalmente por el líder, se produce una liberación que ayuda al joven a intentar cosas, y si falla, sabe que su valor como persona nunca será cuestionado.

Muchos jóvenes no tienen motivación debido a su falta de autoestima. Es un hecho que a una persona le resulta más fácil amarse a ella misma cuando se siente digna de ser amada. Podemos transmitir ese sentido de dignidad a través de nuestro amor y valoración. Al hacerlo, le mostramos al joven que es valioso y, entonces él, con el tiempo, podrá aprender a amarse y considerarse a sí mismo como digno, como alguien de valor. Además, debemos reforzar ese sentido de valoración propia ayudándole a entender primero, y experimentar después, el amor incondicional del Señor, que es el que realmente lo vuelve valioso y significativo.

Punto de reflexión.

¿De qué formas prácticas puedes demostrar a los jóvenes de tu grupo que los amas y aceptas de manera incondicional?

Es preciso creer en los jóvenes.

Recordemos que Jesús es nuestro ejemplo en la pastoral juvenil. El Maestro no escogió a sus discípulos por lo que ya eran; lo hizo por lo que potencialmente podían ser. Resulta muy interesante que ninguno de los doce apóstoles perteneciera a los grupos de elite de la sociedad de su época. Nadie los consideró dignos de formar parte de ningún grupo, a excepción del zelote, que era miembro de un grupo terrorista. Jesús sí. Para él aquella gente encerraba un potencial. Él creyó en ellos y supo transmitírselo.

Dios nos ha escogido a cada uno de nosotros desde antes de la fundación del mundo. Y aunque te cueste creerlo, no te ha escogido por lo guapo, sabio, inteligente, espiritual, capaz o creativo que eres. Más bien, lo ha hecho a pesar de todo eso, pero te ha elegido para desarrollar en ti la imagen de su Hijo Jesús.

Dios nos escoge porque quiere transformarnos a su imagen, no porque seamos útiles, sino más bien porque quiere hacernos útiles. No porque haya en nosotros dignidad, sino porque quiere hacernos dignos a través de Jesús. ¿Sigues el razonamiento? No tienes que valorar a las muchachas y muchachos de tu grupo por su estado actual. Debes poder ver lo que Dios hará y transmitirles que crees en ellos (porque Dios lo hace, aunque no te parezca posible) y en todo el potencial que el Señor podría liberar en sus vidas.

En muchos casos la imagen mental que tengamos de los jóvenes determinará nuestra actitud hacia ellos y esa actitud también determinará en buena medida su comportamiento ¿Eres consciente de la responsabilidad tan grande que supone eso?

Punto de reflexión.

Dado que nuestra opinión acerca de los jóvenes con los que trabajamos debe provenir de la opinión que su Creador tiene de ellos, dedica tiempo a orar, pidiendo que el Señor te ayude verlos como él los ve.

Extracto del libro “Raíces”.

Por Félix Ortiz.

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