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Líderes – MÁS SUGERENCIAS PARA LA EVANGELIZACIÓN Y EL PASTOREO

Líderes - MÁS SUGERENCIAS PARA LA EVANGELIZACIÓN Y EL PASTOREO

SUBCULTURAS JUVENILES

Además de los consejos y testimonios presentados por los líderes y pastores de jóvenes que leímos anteriormente, a continuación presento una lista con otras sugerencias para la evangelización y el pastoreo de las subculturas juveniles.

1. En el caso de las Subculturas Juveniles, preferir las relaciones interpersonales al evangelismo masivo, porque justamente lo personal es lo que se perdió con la postmodernidad y es lo que los jóvenes precisan para salir del aislamiento en que su subcultura los mete.

2. Debemos recordar que evangelizar no es “hacer proselitismo”. No es ganar adeptos para henchir las bancas de la iglesia, sino que se trata de poblar el cielo y despoblar el infierno.

3. Dejemos de lado las palabras persuasivas de humana sabiduría y busquemos el denuedo del Espíritu Santo y las palabras que proceden de un corazón compasivo. Los jóvenes de hoy prefieren lo sencillo y natural que lo grandilocuente y artificial, que les suena a “pura lata”.

4. También debemos evitar el uso de la jerga evangélica, la que instantáneamente levanta barreras entre nosotros y los jóvenes de las tribus urbanas. La abundancia de “aleluyas” y “gloria a Dios” no nos hace más sacros, sino más extraños a los ojos de los demás. No hay ningún lenguaje más santo o más puro que otro, solo corazones y actitudes santificadas por el Señor. El lenguaje es para los efectos de la comunicación, es decir, para establecer conexión unos con otros. Si la función no se cumple, ¿para qué sirven las palabras?

5. Despojarnos de la cultura evangélica e identificarnos con la subcultura. Recordemos que las misiones transculturales dan resultado solo si podemos identificarnos con la cultura a la que queremos alcanzar. Además, eso fue precisamente lo que hizo Jesús con nosotros al encarnarse con el mensaje de salvación.

6. Identificarnos no significa que tenemos que dejar de ser nosotros mismos, porque ellos enseguida distinguen lo verdadero de lo falso. Por otra parte no necesitan que nos disfracemos de nada (a excepción del que tiene un llamado, como dijimos anteriormente).

7. Tengamos cuidado con la forma de autoritarismo que algunos métodos de evangelización o discipulado presentan. Ciertas organizaciones le hacen sentir al joven nuevo que entra por una puerta de la cual no hay vuelta atrás, y donde le espera por delante un camino ya prefijado, en el cual él simplemente debe dejarse llevar por los pasos preestablecidos del sistema. Los jóvenes actuales, deseosos de libertad, rechazan estas formas tan estructuradas de iglesia.

8. Ser auténticos, realistas y coherentes. Los jóvenes de cualquier subcultura detestan la hipocresía y también el delirio místico. Ellos quieren personas reales y situaciones reales; ya nadie cree en soluciones mágicas. Nuestra vida debe estar de acuerdo con lo que decimos, en todo momento. Somos observados, analizados cuidadosamente por los jóvenes a los que servimos. Cuando no pasamos el test de la sinceridad, lamentablemente muchas veces el evangelio pierde. Recordemos: somos cartas abiertas, leídas por todos.

9. A la hora de organizar eventos y otras actividades, no intentemos competir con el mundo. En general, este siempre nos supera. Eso no quiere decir que no usemos todos los recursos y la tecnología disponibles para presentar actividades dinámicas, divertidas y bien juveniles. Pero el amor es lo que más atrae a las personas; si quieren tecnología o diversión, ellos saben dónde y cómo procurársela. El rasgo distintivo del grupo juvenil debe ser el amor y la presencia de Dios.

10. Adecuar (no disfrazar) el mensaje a los términos modernos, usando situaciones actuales para presentarles el evangelio. Hablarles con términos o códigos que conocen, tal como lo hacía Jesús con sus parábolas. Por ejemplo, un drogadicto tal vez pueda entender que ser llenos de Espíritu Santo es como darse una “inyección del Espíritu”; una persona de la Nueva Era tal vez pueda comprender lo que es hablar en lenguas como “el mantra de Dios”, etc. No debemos horrorizarnos y sentir que estamos profanando algo sagrado al usar la terminología con la cual están más familiarizados. El punto es que comprendan.

Extracto del libro “Tribus Urbanas”

Por María José Hooft

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