Bienvenido a Nuestro Blog

Estudios Bíblicos – LAS VERDADERAS VICTORIAS TIENEN UN PRECIO 2

Estudios Bíblicos - LAS VERDADERAS VICTORIAS TIENEN UN PRECIO 2

Continuemos.

En Génesis 31:36, Jacob finalmente venció su mentalidad de langosta y mostró la autoridad de un vencedor de gi­gantes. Entonces se enfrentó a Labán, diciendo: “¿En qué he pecado? ¿Qué delito he cometido?” Le recordó que le había servido durante veinte años sin robarle nada, que había soportado la pérdida de animales muertos por bes­tias salvajes, y que Labán había cambiado su salario diez ve­ces en esos años. Finalmente, le dijo: “Si el Dios de mi pa­dre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera con­migo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche” (Génesis 31:42).

Labán propuso hacer un pacto con Jacob, y ambos se se­pararon en paz, después de que Labán besara y bendijera a sus hijas y nietos. ¿Qué evidencia hay de que Jacob ahora estaba ha­ciendo lo que Dios deseaba que hiciera? (Génesis 31:3, 11-13, 24, 29, 42).

3. Un Gigante Vencido, y Otro Por Vencer.

Cuando Jacob se acercaba a su tierra natal, se enteró de que Esaú venía a recibirlo, junto con cuatrocientos hom­bres (Génesis 32:6). Jacob tuvo miedo. Por eso armó un plan que esperaba serviría para salvar su vida y la de su fa­milia. Comenzó a prepararse para encontrarse con su her­mano. Dividió todos los siervos, rebaños, ganados y came­llos y los envió delante de él en dos grupos, con la esperan­za de que si Esaú destruía un grupo, el otro podría esca­par. También preparó grandes regalos para Esaú y ordenó a sus siervos que se los entregaran.

Luego oró al Señor: “Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú” (Génesis 32:11). Finalmente Jacob envió a su fa­milia y sus siervos a cruzar el arroyo y se quedó del otro la­do. Estando solo, inesperadamente, debió enfrentarse cara a cara con el verdadero gigante de su vida: su actitud de en­gañar para conseguir cualquier cosa en la vida.

La Biblia nos dice que un “Varón” luchó con Jacob toda la noche. Jacob se dio cuenta de que en realidad, había es­tado luchando con Dios. En el transcurso de esa lucha, Dios cambió su nombre y lo llamó Israel, que significa, lite­ralmente, “Príncipe con Dios”. Jacob salió de esa experien­cia con dos nuevas creencias profundamente arraigadas en su ser: que él era importante para Dios, y que estaba desti­nado a vivir. Jacob ya no necesitaba manipular para avan­zar en la vida. Tenía la seguridad de que Dios estaría con él al enfrentar a los gigantes, y que el Señor iba a cumplir el propósito que tenía para su vida. Como recordatorio, Dios tocó la cadera de Jacob de tal manera que le quedó una cojera de por vida. Esta fue la herida que tuvo que so­portar.

Tal como le había sido advertido a Jacob, Esaú llegó con sus cuatrocientos hombres. Pero en vez de confrontar a su hermano con odio, Esaú “corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron” (Génesis 33:4). Dios había cambiado el corazón de Esaú, a tal punto que no aceptó la ofrenda de paz de Jacob, y le ofreció pro­tección adicional para su familia, sus siervos y sus ganados. Los dos hermanos acordaron vivir en paz.

¿Cuántos gigantes enfrentó Jacob? ¿Cuál fue el ma­yor gigante que debió enfrentar? En total, Jacob enfrentó tres gigantes: Labán, Esaú, y él mismo… ¡y salió vencedor!

Al enfrentar al gigante Labán, Jacob defendió sus de­rechos y exigió ser tratado en forma justa. Y Labán aceptó.

Al enfrentar al gigante Esaú, Jacob confió en que Dios lo ayudaría y obedeció a Dios al regresar a su hogar. Y Dios cambió el corazón de Esaú.

Al enfrentar el gigante de su propia personalidad, Ja­cob luchó con Dios y llegó a la conclusión de que Dios no sólo podía transformarlo, sino que ya lo ha­bía transformado en una persona con una identidad nueva.

Jacob enfrentó gigantes que representaban a su jefe, su familia y su propia personalidad. Cada gigante tenía apre­sado un aspecto diferente de su vida. Pero cada uno de ellos se convirtió, finalmente, no en su enemigo, sino en su amigo.

Lee el versículo para memorizar de esta semana y comienza a aprenderlo. ¿Qué cicatrices en tu vida te recuerdan una gran victoria que Dios ha llevado a cabo en ella?

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Venciendo en la Tierra de los Gigantes” (Edición Para Jóvenes)

Por William Mitchell

Lee El Segundo Estudio de la Cuarta Semana



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ingresa tu email y recibe actualizaciones:

Enviado por FeedBurner