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Estudios Bíblicos – EL TECHO DE UN HOMBRE ES EL PISO DEL OTRO

Estudios Bíblicos - EL TECHO DE UN HOMBRE ES EL PISO DEL OTRO

El Mito de la Relatividad.

¡Tú no puedes decirme lo que está bien y lo que está mal!», dijo Ester. «Ya casi tengo 18 años. No me puedes imponer tus conceptos morales. ¡Sólo porque está mal para ti, no significa que lo esté para mí!»

Ester explotó con sus padres en esa confrontación para encontrar su propia versión en lo que está «bien y mal».

Ester fue víctima de la mentira del diablo que dice: «Bien o mal, todo es relativo… tú necesitas encontrar lo que está bien para ti, y necesitas definir tu propio concepto de moralidad». Por supuesto que ella no es la única. Mucha gente piensa que puede crear su propia moralidad, que puede inventar lo que está bien «para ellos» y lo que es verdad «para ellos».

Alian Bloom, autor de The Closing of the American Mind (La clausura de la mente americana), dijo en su libro que: «Hay una cosa que un profesor puede dar por sentada: Casi todos los estudiantes que entran a la Universidad creen, o dicen creer, que la verdad es relativa».

Pero eso es un mito. La moralidad no es relativa. El bien y el mal no son negociables. C.S. Lewis, en su libro Mere Christianity (Cristianismo Puro), dice lo siguiente:

“Cuando encuentres una persona que dice no creer en el bien y el mal, te darás cuenta de que esta persona no tarda en contradecirse. Puede romper la promesa que hizo, pero si tú rompes la promesa que le hiciste, se quejará diciendo que «No es justo». De manera que parece que estamos obligados a creer en un bien y en un mal reales. Muchas veces la gente se equivoca respecto a sí misma, de igual manera en que a veces se equivoca en una suma; pero esto no es simplemente cuestión de opinión o gusto, es mucho más que una tabla de multiplicar”.

Lo sorprendente es que no necesitas un doctorado para distinguir entre el bien y el mal. El apóstol Pablo señala que aun aquellos que nunca han escuchado de los Diez Mandamientos tienen: «… la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos» (Romanos 2.15). Citando a C.S. Lewis otra vez: «esta ley o norma acerca del bien y el mal era llamada la ley de la naturaleza… porque la gente daba por sentado que todo el mundo lo sabía por su naturaleza y no porque hubiera una necesidad de enseñarlo».

Sin embargo, aún hay aquellos que insisten que lo que está «mal» para algunos no necesariamente está «mal» para ellos. Pero no engañan a nadie. Su intento de disculparse o explicar su conducta con el mito de la relatividad traiciona el hecho de que, en lo profundo de su ser, existe ese sentido del bien y del mal. Ellos son como Poncio Pilato, quien hizo la famosa pregunta: «¿Qué es la verdad?» (Juan 18.38). ¡Lo irónico de la pregunta de Pilato es que la verdad estaba delante de él en ese preciso momento! Jesús, quien se había revelado a Sí mismo como «el camino, la verdad y la vida», encarnaba la respuesta de Pilato, pero el gobernador romano falló en reconocer esta verdad en carne y hueso.

Ejercicio.

Desarrolla tu capacidad para enfrentar el mito de la relatividad con el siguiente ejercicio:

Lee Jueces 17.6. El mito de la relatividad es característico de los días de los jueces en Israel, porque «en aquellos días… cada uno hacía».

Lee Proverbios 14.12. ¿Qué es lo que se repite de este proverbio en 15 -25, acerca del camino que parece derecho al hombre? ¿Cuál es el resultado de esto? ¿Qué crees que significa este versículo?

Lee Isaías 45:19. De acuerdo con este versículo: ¿Quién decide lo que está bien?

Lee Oseas 14:9. Hay dos categorías mencionadas en las últimas líneas de este versículo. ¿Cuáles son? ¿A cuál perteneces tú? En otras palabras: ¿Andas en los caminos del Señor o encuentras tropiezos en ellos?

Lee Juan 8:31-32. ¿Aparenta Jesús no saber o no creer que haya un absoluto en cuanto al bien o el mal, o sus palabras dan la impresión opuesta? ¿Qué es lo que Él dice que será el resultado de conocer la verdad?

Extracto del libro “No Dejes Tu Cerebro en la Puerta”

Por J. McDowell y B. Hostetler



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