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Estudios Bíblicos – ALENTÁNDONOS UNOS A OTROS

Estudios Bíblicos - ALENTÁNDONOS UNOS A OTROS

Te comparto la estructura del estudio. Profundízalo tú mismo y piensa cómo presentárselo a tus discípulos de una manera práctica y desafiante.

1. El Problema.

  • Tengo que hacer esto pero creo que no me va a salir bien…
  • No tengo ganas de nada, estoy re cansado…
  • No se de qué, pero tengo miedo…
  • Se murió alguien a quien yo quería mucho…
  • Estoy triste y me siento mal…
  • No vale la pena seguir intentándolo, nada va a cambiar…
  • Tengo que hacer algo que no hice nunca y tengo miedo de equivocarme…
  • ¿Podré volver a empezar después de tanto tiempo de haber estado lejos?…
  • Me parece que nunca se van a solucionar estos problemas.

2. Piénsalo.

Hay muchos a tu alrededor que están desalentados. Interiormente se sienten bajoneados, entristecidos, desganados. Otros están llenos de pesimismos, sentimientos de que todo está arruinado o de que nada va a cambiar en sus vidas. Si mirás atentamente y les prestás atención vas a descubrir que aunque sonrían por fuera, por dentro han perdido las esperanzas y están derrotados. Tienen dudas, temores, inseguridades. Y les cuesta mucho trabajo creerle al Señor. Ellos son tu desafío para ir y alentarlos.

3. Míralo desde la Perspectiva de Dios.

En esto de alentar, Jesús es nuestro gran modelo. En los siguientes relatos, ¿a quiénes alienta Jesús? Mt.9:2.  Mt.14:26-27Mt.16:33Jn.21:16.

Hay muchos otros ejemplos de personas que tuvieron el valor y la decisión de alentar a otros. En los siguientes pasaje bíblicos, ¿quiénes alentaron a quienes y en qué situaciones? 2° Crónica 32:7-8.  Dt.31:7-8.  Is.41:6-7. Hch.27:25. 1° Tes.4:18.

4. Aplícalo.

Te compartimos algunas ideas para que alientes a tus hermanos:

  • Orar junto con él y por él.
  • Acercarte cuando lo ves sólo para hacerle compañía.
  • Mirarlo a los ojos, sonreírle y decirle una palabra que lo aliente.
  • Felicitarlo por el trabajo que ha realizado.
  • Recordarle las promesas que Dios tiene para su vida.
  • Darle un fuerte abrazo y recordarle cuan importante es su vida para Cristo.
  • No recordarle su pasado, sino su presente y futuro en Cristo.
  • Darle una nueva oportunidad si ha caído o si se equivocó en lo que hizo.
  • Visitarlo. Tenerlo en cuenta.
  • Públicamente reconocer sus logros y los resultados de su trabajo.

Por Edgardo Tosoni



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