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Devocional – UNA CARICIA DEL CIELO

Devocional - UNA CARICIA DEL CIELO

Pasaje Clave: Juan 2

DAME DAME VINO, DAME DAME VINO
Más de un “borrachin” estaría fascinado por lo que hizo Jesús: querían más vino, les dio más vino. Pero vamos por parte.
Este fue el primer milagro oficial de Jesús. La realidad es que no sabemos si durante sus primeros 30 años (antes de comenzar públicamente su ministerio) se le “escapó” algún milagro. Recuerda que Él siempre fue Dios y que no hay registros de aquellos años.
¿En dónde se encontraba Jesús? (vs.1-2).
¿Qué sucedió en la fiesta? (vs.3).
¿Qué le responde Jesús y qué le dice ella a los sirvientes? (vs.4-5).
¿Cuáles son las indicaciones de Jesús? (vs.6-8).
Espera, hagamos algunos cálculos matemáticos. Hay 6 tinajas de piedra. En cada tinaja caben 2 o 3 cántaros. Cada cántaro tiene una capacidad de 40 litros. ¿Cuánto vino produjo Jesús con su espectacular 1º milagro?
¿Cuál fue la reacción de aquellos que probaron el nuevo vino? (vs.9-10).
¡Sin palabras! ¡Párate y aplaude! ¡Es increíble! No sólo produjo vino en abundancia, sino que además era de primerísima calidad. Litros y litros del mejor vino.

¿Es necesario recordarte que todo, TODO, lo que hace Jesús es excelente, es abundante, es grandioso? ¿Necesito recordarte que Jesús nos da más abundantemente de lo que pedimos o entendemos?
¿Hace falta recordarte que Jesús está más interesado que nosotros mismos en hacer cosas extraordinarias en nuestras vidas, sorprendernos y sorprender a todos a nuestro alrededor?
Leí del pastor Bernardo Stamateas que Jesús no tenía ninguna necesidad de hacer este milagro. No había enfermos, no había endemoniados, nadie había muerto, era una fiesta y se había terminado el vino. Punto. ¿Entonces para qué lo hizo? Para darles un mimo. Jesús los mimó. “¿Desean esto? Tomen, se los doy”. Un mimo de Dios, una caricia del cielo. Porque Jesús no responde sólo necesidades, Jesús también responde anhelos y deseos. ¿Cuál es el mimo que deseas de Dios? Pídeselo ahora mismo.

JESÚS PURIFICA EL TEMPLO 2
Jesús viaja a Jerusalén con sus discípulos y decide ir al Templo (esto deja bien en claro que Jesús era de los que congregaban), pero ¿con qué se encuentra allí? (vs.13-14). ¿Y cómo actúa ante lo que sucedía? (vs.15-16).
¡Jesús se enoja! Imagínate el espectáculo. Da latigazos sobre las mesas, las tumba, las monedas salen disparadas para todos lados, los cambistas y comerciantes quedan pálidos del miedo. Vuelve a dar latigazos sobre el piso, las palomas vuelan desesperadas, las ovejas y bueyes atropellan todo a su paso mientras huyen enloquecidos. “¡Fuera! El templo no es un shopping, la casa de mi Padre no es un mercado!”.
Lee más en “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Marcos” Día 21.

Entiende bien esto. La reacción de Jesús no fue pura emoción violenta, no fue un arrebato de locura descontrolada, al contrario, fue ira divina, justicia celestial ante conductas inapropiadas que estaban completamente fuera de lugar. Hay enojos violentos que destruyen y matan, pero hay enojos correctos, necesarios, sanos, que denuncian el pecado y corrigen el error. Así fue el enojo de Jesús.
¿Cómo reaccionaron los judíos? (vs.18).
¿Y qué les responde Jesús? (vs.19).
Claramente los judíos no entendieron de lo que hablaba Jesús (vs.20). Él proféticamente estaba declarando que lo torturarían y lo matarían, pero al tercer día resucitaría. Ellos lo destruirían, pero Él se levantaría (vs.21-22).

Mira esto. La declaración de Jesús no termina con la muerte sino con la resurrección. El final de la historia no es muerte, es vida. Jesús reconoce el problema (la tortura, la cruz, la muerte), pero no se enfoca en él, Jesús mira más allá y habla de triunfo, de victoria, de éxito.
Imita a Jesús. No niegues el problema, reconócelo porque es real, pero enfócate en las soluciones. Por fe declara resurrección, sanidad, libertad, salvación, unidad, paz, prosperidad, y empezarás a ver resultados extraordinarios.

¿Qué sucede en la fiesta de la Pascua? (vs.23). ¿Y qué actitud toma Jesús ante las decisiones de las personas que lo seguían? (vs.24-25).
Jesús conoce el corazón. No lo impresionarás con tu apariencia, con tu belleza o fealdad, con tu inteligencia ni con tus palabras. Él conoce tu corazón. Detrás de todas las máscaras, él sabe cómo eres realmente. No importa lo que la gente piense o diga de ti, tu interés principal tiene que ser “¿qué piensa Jesús de mi?”, porque Él te conoce como nadie más.
Vivir sin apariencias delante de Dios te hará vivir realmente libre.

Extracto del libro “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Juan”

Por Edgardo Tosoni

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