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Devocional – PATEANDO EN CONTRA

Devocional - PATEANDO EN CONTRA

Pasaje clave: Números 30 al 32.

Hay dos hechos puntuales que nos muestran a un grupo de israelitas pateando en contra de Dios. Vamos por parte.

Pateando en Contra de las Órdenes de Dios.

¿Qué orden muy clara recibieron de Dios? (31:-3).
¿Qué deciden hacer los capitanes y hombres de guerra? (31:7 al 12).
¿Por qué motivo se enojó Moisés con ellos? (31:13 al 20).

La orden de Dios fue terminante: maten a todos los madianitas.
Por causa de ellos, los “calentones” muchachos de Israel habían provocado la ira de Dios y perjudicado a todo el pueblo. Sin embargo, los capitanes patearon en contra dejando con vida a todas las mujeres.
¿Habrán pensado en volver a repetir la “fiestita” que habían tenido unos meses atrás? Y… tal vez…
La desobediencia de los capitanes despertó todo el enojo de Moisés. Sin pelos en la lengua les recordó que por consejo de Balaam (sí, el menos espiritual que un asno) ellas los habían seducido y arrastrado hacia el sexo y los demonios. Y les recordó cómo Dios los había castigado severamente. Ahora tenían que terminar el trabajo: matar a todas las mujeres que se habían “auto regalado” (excepto a las vírgenes) y purificarse durante una semana antes de volver a entrar al campamento.

Patear en contra de una orden recibida es lo mismo que desobedecer, rebelarse o ser terco.
¿Contra quién o quienes “pateas en contra”?
Ser terco u obstinado, ¿te beneficia en algo? ¿Te bendice?
¿No se te ocurrió probar con otras alternativas? Por ejemplo, ¿obedecer sin quejarte?, ¿hacerlo aunque no estés de acuerdo? o ¿dar tu opinión pero obedecer igualmente?
Lo peor de patear en contra es que terminas perjudicándote a ti mismo.

Pateando en Contra de los Deseos de Dios.

El deseo de Dios para el pueblo de Israel era introducirlos en la tierra prometida. Darles una nueva tierra por heredad y bendecirlos. Sin embargo dos tribus y media patearon en contra del deseo de Dios

¿Qué deseaban las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés? ¿Y por qué? (32:1 al 5).
¿Qué les respondió Moisés y por qué? (32:6 al 15).
¿Qué argumentos presentaron ellos? (32:16 al 19).
¿A qué los desafió Moisés? (32:20 al 24).
¿Qué compromiso asumieron estas dos tribus y media? (32:25- 27, 31-32).

A Moisés no le agradó la propuesta de estas tribus. Él conocía el deseo de Dios. Moisés sabia que la tierra a la que iban era muchísimo mejor que la escogida por ellos. Y aunque ahora no lo supieran esa elección les traería graves problemas en el futuro. Pero aún así, por su terquedad, Dios les concedió lo que deseaban.

Dios desea lo mejor para cada uno de nosotros. Él no desea nada malo ni caprichoso en contra nuestro. Su corazón nos ama profundamente. Sus deseos son lo mejor para nosotros.
¿Cómo podemos ser tan tercos en pensar o sentir que nuestros propios deseos son mejores que los de Dios cuando ni siquiera sabemos qué va a suceder con nuestras vidas en los próximos cinco minutos?
Dios en cambio conoce hasta el día de nuestra muerte y aún más allá. ¿Podrá equivocarse, errarle o meter la pata en su proyecto para nuestras vidas? ¡No! Absolutamente no.

Piénsalo.

¿Cuáles son las cosas que más deseas? ¿Es lo mismo que Dios desea para ti? No te encapriches en tus propios deseos si no es lo que Dios desea, porque aunque Él no lo apruebe puede dártelo igualmente, pero el precio que pagarás por tu terquedad será demasiado alto.

Extracto del libro “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Números-Deuteronomio”

Por Edgardo Tosoni

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