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Devocional – NUBE Y FUEGO

Devocional - NUBE Y FUEGO

Pasaje clave: Éxodo 13 al 15.

“Cantaré al Señor por siempre, su diestra es todo poder… Echó a la mar a quien los perseguía, jinete y caballo echó a la mar… Echó a la mar los carros del faraón, oh, oh, oh, oh, la, la, la, la, la…”
¡Moisés la cantó muchos antes que nosotros! (cap.15) mientras María, su hermana, le hacia el coro (15:21) y danzaba junto a todas las mujeres (doncellas y no doncellas) que se animaron a empuñar sus panderos y se unieron a danzar junto a ella (15:20).

¿Te la imaginas a María diciéndoles: “No, no, chicas, dejen de danzar y larguen los panderos porque aquí solo danzan las “super profesionalizadas” doncellas del ministerio de danza?
Yo no me la imagino así, por el contrario, debió haber alentado a las que todavía no se animaban.
Es que la alabanza, los panderos, la danza y la música no son propiedad exclusiva de algunos superdotados. Por el contrario, nos pertenece a todos los hijos de Dios cuando nos reunimos con el propósito de honrarlo y de exaltarlo. Estoy de acuerdo en que los desafinados alabemos a Dios desde los bancos y NO desde el frente, y también de que dancen las que desean honrar a Dios y NO las que quieran lucir un lindo vestido. Pero también creo que no se le puede impedir a NADIE danzar y alabar de diversas maneras.

Hay 6 razones por las cuáles alabaron y danzaron. Piénsalas.
 1º. 13:21-22.                                    2º. 14:13-14.                                                   3º. 14:15-16.
 4º. 14:19-20.                                   5º. 14:21-22.                                                  6º. 14:24-28.

Protegidos.

Seguramente nosotros jamás vivimos una situación semejante: un mar por delante y un ejército sediento de sangre por detrás; pero aún así ¡de cuántas situaciones riesgosas nos protegió Dios! Cuantas veces nos guardó del peligro y nos libró de Satanás. Aún cuando alguien nos haya robado o amenazado, Dios protegió nuestras vidas.
¿Te acuerdas de alabarlo con oraciones, canciones y danza cada vez que Él libra tu vida de algún riesgo? ¿O tú oras, cantas y danzas solamente en las reuniones de la iglesia?

Pero ¿por qué, si Dios nos protege, algunos de sus hijos son maltratados, abusados o sufren accidentes?
No es fácil responder a esto. No hay respuestas tan simples.
Es cierto, Dios nos guarda, pero a veces nosotros mismos buscamos el riesgo y nos metemos es situaciones peligrosas. Y sufrimos.
Es cierto, Dios nos guarda, pero durante la niñez y la adolescencia la responsabilidad sobre nuestras vidas fue de nuestros padres. Ellos debían cuidarnos y librarnos de personas mal intencionadas (aún cuando fueran familiares), y a veces no lo hicieron (o nunca); entonces indefensos como niños y con miedos, sufrimos maltratos, golpes o abusos sexuales.
Pero, ¿por qué esos padres que debían proteger a sus hijos, como representantes de Dios, no lo hicieron?
A veces, porque ellos mismos ignoran a Dios y no actúan como sus representantes. A veces por exceso de confianza y descuido, porque ellos mismos no recibieron de sus padres el cuidado necesario. Otras veces por estar demasiadas horas fuera del hogar dejando solos a sus hijos, sin saber con quiénes están y qué hacen. Y algunas veces por miedo, ellos mismos fueron cómplices de aquellos que lastimaron o abusaron y no hicieron nada.

Pero el maltrato y el abuso no vienen de Dios. Él no maltrata y no abusa, y tampoco manda a nadie a maltratar o abusar. Dios no es perverso.
Y tú no fuiste responsable de aquellas cosas desagradables que sufriste en tu infancia. No fue tu culpa lo que te tocó vivir. No fue por algo malo que hiciste o dijiste, sino por la falta de protección y cuidado de los adultos.
No busques vengarte, Dios mismo tratará con aquellos que de alguna manera te lastimaron. No tengas miedo ni vergüenza de abrir tu corazón delante de Dios y de alguna persona madura y espiritual para sacar todo el dolor que aún tengas adentro y aprender a perdonar para ser sano.

Piénsalo.

Hoy, por amor, Dios mismo se hace cargo de ti para cuidarte y librarte del mal. Si no te metes en nada raro, Él será tu fortaleza y tu cuidador siempre (15:2, 6-7, 11-13, 16-18).

Extracto del libro “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Éxodo-Levítico”

Por Edgardo Tosoni

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