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Devocional – ÉL DICE, TÚ DICES, YO DIGO

Devocional - ÉL DICE, TÚ DICES, YO DIGO

Pasaje Clave: Génesis 3:1-7.

No sabemos cuánto tiempo transcurrió entre el capítulo 2 y el capítulo 3. Lo que sí sabemos es que Adán y Eva pasaron de un ambiente emocional, relacional, espiritual y ecológico precioso y muy bendecido, a uno cargado de sensaciones negativas, opresivo y con olor a muerte.

¿Cómo se la describe a la serpiente? (vs.1)
Esta serpiente representa mucho más que un simple animal. Ella es la representación de una fuerza opositora a los propósitos de Dios.
Si Satanás tomó la apariencia de serpiente, o si él poseyó a una serpiente para manifestarse por medio de ella, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la Biblia lo identifica directamente con ella (Ap.12:9).
Él es la encarnación del mal en su estado más puro (Ap.20:2). Y es tan astuto, y con dobles intenciones en todo lo que dice y hace, que rápidamente cambió las palabras de Dios para seducir y confundir a Eva.
Y Eva, como toda buena mujer, con su enorme capacidad de comunicación, ¡se enganchó a hablar con la víbora!

Te propongo que comparemos lo que Dios dijo, con lo que la serpiente y Eva dijeron. Es muy interesante. Toma papel y lápiz y anota las diferencias, las omisiones y las exageraciones:

Dios dijo: “De todo árbol del huerto podrás comer, más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn.2:16-17).

La serpiente dijo: “¿Conque Dios les dijo: No coman de todo árbol del huerto?”… “No morirán, sino que sabe Dios que el día que coman de él serán abiertos sus ojos y serán como Dios, sabiendo el bien y el mal” (vs.1, 4-5).

La mujer dijo: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran” (vs.2-3).

Satanás es un profesional del engaño y la seducción, un estafador mortal, y muy sutilmente introdujo “una duda” acerca de lo que Dios dijo, además de exagerar la autorización y la prohibición que Dios había dado.

La mujer, reenganchada en la conversación con la víbora, intenta “corregirla” pero no es muy precisa. Omite algo y también exagera la prohibición de Dios.
¡Tan difícil es decir lo que Dios dice! Una cosa es lo que Dios dice, y otra cosa muy distinta son nuestras interpretaciones acerca de eso que Dios dijo.
Y la mujer, sin darse cuenta, comienza a hablar como habla la serpiente.

La serpiente nunca le dice a la mujer que coma del fruto, nunca la invita a que lo haga. Ella solo le introduce la duda y la seduce con la propuesta:

  • No morirán (“no pasa nada, no hay consecuencias, todo bien”).
  • Se abrirán sus ojos (“¿qué me estaré perdiendo?”).
  • Serán como Dios (“no necesito de nada ni de nadie, hago la mía”).
  • Conocerán el bien y el mal (“que sea malo para ti no significa que sea malo para mi”).

Satanás ya tiene a Eva exactamente en el punto en el que él la quería. La duda debilita la fe de la mujer en la Palabra de Dios y le abre puertas al pecado. De ahora en más todo será responsabilidad de ella.

¿Qué hace entonces Eva? (vs.6)

  • La mujer mira el árbol “prohibido” no desde la perspectiva de Dios sino desde la seducción de Satanás: “bueno… agradable… codiciable”.
  • No actúa por obediencia sino de acuerdo a sus propios razonamientos y impulsos y deseos. Se sale voluntariamente del gobierno de Dios.
  • Lo hace participe a su esposo de lo que ella ya había determinado hacer. Adán es tan responsable como ella. No le pone límites. No la ayuda a ver su error. Al contrario, participa de su mismo pecado.

¿Qué habría sucedido si Adán se hubiera negado a comer del fruto? ¡Ni idea!

¿Qué consecuencias se desencadenan inmediatamente? (vs.7)

  • Por primera vez miran su desnudez desde la vergüenza.
  • Obtienen un nuevo conocimiento que les genera vergüenza de sí mismos.
  • Recurren a sus propias ideas para solucionar el problema y tratar de calmar sus sentimientos de culpa. (Se cubren con hojas).

¿Cuál es la consecuencia definitiva en esta trágica historia? (vs.22-24)
Edén es “placer, deleite”, pero el pecado se los acaba de matar.
No hay placer perdurable en el pecado. No hay deleite lejos de Dios.

Extracto del libro “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Génesis Edición Extendida”

Por Edgardo Tosoni

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