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Devocional – BOCAS REPUGNANTES

Devocional - BOCAS REPUGNANTES

Pasaje clave: Santiago 3:1-12.

Si alguna vez te dolió que alguien hablara mal de ti, te criticara o inventara un rumor, sabes lo que se siente haber sido el blanco de una boca repugnante. La Biblia nos recuerda que nuestras palabras pueden herir y envenenar. Como cristianos, una de las maneras de mostrar nuestro amor a Dios y a las personas es cuidando nuestra manera de hablar.

Si te la pasas chismeando con tus amigos toda la semana, inventando falsos rumores y criticando a medio mundo, y luego vas el domingo a la iglesia, cierras los ojos, alzas las manos y adoras a Dios como si nada, tienes un problema de hipocresía. Recuerda las palabras de Santiago: “de la misma boca no puede salir bendición y maldición”.

Tienes que hacer algo para cambiar esto.

Practica el Principio de la Bendición. ¿Qué significa? Significa que eliges no criticar, no descalificar, no faltarle el respeto a nadie, porque Dios te ha dado la capacidad de hablar para bendecir y no para maldecir. Tienes que formar el hábito de hablar para edificar, bendecir y alentar a las personas que te rodean.

Renuncia a los dobles sentidos y a las ironías. Cuando estés enojada o muy “caliente” por algo que ha sucedido no es conveniente que te pongas a decir cosas. Haz una pausa, tómate un tiempo para pensar y después habla. Mira lo que dice Proverbios 15:1-2.

Bendice con tus palabras. Deliberadamente, destaca cualidades y virtudes de las personas que te rodean (tus padres, tus hermanos, tus amigos, tus líderes y pastores). Esfuérzate por encontrar en todos ellos aspectos positivos y dícelos. ¡Y no dejes a nadie afuera!

¿Quieres que hablen bien de ti? Habla bien de los demás. Recuerda que cosecharás lo que siembras.

Mantén tu vida “desinfectada” de palabras repugnantes.

Piénsalo.

Pídele a Dios que te ayude a cambiar de tema cuando tus amigos comiencen a hablar mal de alguien. O bien, toma la decisión de cambiar de amigos, si todo lo que sale de la boca de ellos es “repugnante”.

Ahora bien, evalúa tu propia boca:

¿Criticas a los demás?

¿Sientes envidia o celos de alguien y lo desprestigias con tus palabras?

¿Tus amigos quieren hablar contigo porque saben que pueden confiar en ti, o porque te gusta chismear?

¿Hablas de una manera en el colegio y de otra muy distinta en la iglesia?

¿Hablas fe o hablas pesimismo?

¿Practicas el principio de la bendición o maldices con tus palabras?

Por Edgardo Tosoni



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