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Para Líderes – TENER UN PROYECTO EN LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS 1

Para Líderes - TENER UN PROYECTO EN LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS 1

Tres Estrategias para Educar a los adolescentes

Bill y Jean se sentaron en mi oficina visiblemente agotados y desanimados. Su anhelo había sido tener una familia y lo habían disfrutado en sus primeros años como padres. Me contaban acerca de las vacaciones grandiosas y días festivos maravillosos que pasaron como familia. Recordaban esos momentos dulces cuando le leían a sus hijos para que se durmieran, cuando los sorprendían llevándoles el desayuno a la cama, y cuando les traían a casa, después de una jornada de trabajo, aquel juguete ocasional e inesperado. Pero en algún punto, de algún modo, perdieron de vista lo que estaban haciendo y porqué lo hacían. Todavía interactuaban con sus hijos, pero todo parecía carecer de continuidad y propósito.

Habían leído la mayoría de los libros cristianos sobre educación de los hijos, e inclusive habían ido a un seminario de fin de semana, no obstante notaban que la relación con su adolescente, en particular, se hacía más y más distante. Sentían que la mayor parte del tiempo lo corregían debido al enojo en vez de por un propósito bíblico. Sentían como si todo el proceso se escapaba de sus manos como arena entre los dedos.

Jean dijo, “Mucha gente nos ha dicho qué hacer, pero no sabemos cómo hacerlo. Nos emocionamos de nuevo cuando leemos un libro o escuchamos a un conferencista, pero las cosas simplemente no funcionan como las describen y no resultan de la manera como esperamos”. Bill interpuso, “Creo que lo que ella está diciendo es que necesitamos un sentido de enfoque o propósito. Estamos aquí porque queremos tener el mismo sentido de dirección con nuestros hijos que tuvimos cuando eran menores. Tenemos un adolescente y dos más que están en camino de serlo. No queremos perderlos ahora”. Jean dijo, “Además, estamos cansados y pensamos que es porque tal parece que complicamos los problemas en vez de resolverlos. Siempre hay un desastre que estamos corrigiendo”.

Más tarde ese día, me preguntaba cuántas parejas comparten la experiencia de Bill y Jean. Ven con nostalgia sus años dorados como padres. Los días cuando tus hijos no podía esperar a que llegaras a casa del trabajo, cuando llevaban un libro por toda la casa suplicándote que se los leas. Los días cuando podías satisfacerlos con un poco de lucha libre en el piso. ¿Cuántos padres, secretamente, desean regresar a esos primeros años? Saben que la relación con su adolescente no es lo que solía ser cuando eran menores, pero en vez de hacer cambios en el presente, se dedican a lamentar el pasado perdido.

Como padres, todos necesitamos traer dos cosas a cada etapa de la educación de nuestros hijos: metas bíblicas y estrategias bíblicas para lograr dichas metas. En los últimos capítulos hemos establecido cinco metas fundamentales para educar a los adolescentes. Ahora debemos considerar las estrategias para lograr esas metas. Quiero sugerir que hagas tres cosas si quieres desarrollar adolescentes piadosos que estén preparados para vivir como sal y luz en un mundo caído. Estas estrategias traerán un sentido de propósito y enfoque en la vida de tu adolescente.

En todo esto, existe una verdad básica que necesitamos recordar: lo que observamos en nuestro adolescente se aplica también a nosotros. Todo los entendimientos, principios y estrategias bíblicas se aplican a nuestros adolescentes porque se aplican a la gente en general. Esto expone la verdad central de este libro. Nuestros adolescentes son más semejantes a nosotros que diferentes a nosotros. Enfrentan diferentes presiones, tentaciones y oportunidades, pero las tratan de maneras que son un reflejo nuestro. Y como nosotros, todavía no son productos terminados.

Todas las necesidades espirituales que reconocemos en nuestros adolescentes son identificables en nosotros de algún modo. Así que, cada una de estas estrategias debe ser aplicada con una disposición humilde de identificarse con las luchas de los adolescentes, un reconocimiento humilde de que Dios todavía está obrando para cambiarnos, y una prontitud humilde para ofrecer a nuestros adolescentes la misma gracia que Dios nos ha dado.

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